Sacerdotes egipcios: Guardianes de la religión egipcia

La cultura del Antiguo Egipto se caracteriza por su gran tradición religiosa presente en todos los aspectos de su vida cotidiana.

La representación del clero es una parte inherente de la sociedad egipcia, figura que poco a poco iría adquiriendo poder y status con la que influir en el mismísimo futuro del imperio egipcio.

El acceso a los rangos del clero era más bien complicado, las vías existentes eran, en primer lugar, por herencia, rara vez por elección. Aunque esta costumbre estaba generalizada en ningún momento se catalogó pero sí es verdad que, sobre todo en lo que se refiere a los grados más altos, existía la costumbre de dejar en herencia al hijo la función sacerdotal. El ejemplo más claro lo encontramos en el imperio antiguo cuando encontramos el peculiar caso de una familia que alcanza hasta quince generaciones de sacerdotes egipcios pertenecientes al clero del mismo templo.

Con respecto a las mujeres integrantes de las filas de este elitista clero, a pesar de que a lo largo de la Historia el número de sacerdotisas variase y, en definitiva, fuese más bien escaso; encontramos un buen ejemplo de ello ya que éstas solían provenir de la casta sacerdotal o dinástica. En segundo lugar, el acceso se produce por adquisición del cargo a partir del nombramiento por parte del faraón. Esta vía resultaba más bien rara y se justificaba únicamente por razones políticas como es el caso de cuando se trataba de nombrar al jefe de un colegio sacerdotal o de poner al frente de determinadas funciones importantes a alguna persona de la confianza del rey. Estas designaciones se realizaban de entre ciudadanos corrientes de una casta particular pero sin aparentes requisitos explícitos ya que éste no requería de una formación especial o de un sentimiento místico por parte del oficiante, sino que simplemente asumiese con dedicación el aprendizaje del ritual.

sacerdotes egipcios

Bien es cierto que esta ausencia de formación viene secundada por la inexistencia de documentación referente al tema y, dada la elaborada jerarquía que se daba dentro del clero, no debemos negar en ningún momento la existencia de una preparación al sacerdocio ya que seguro que al menos los grados más elevados eran sometidos a una seria preparación de carácter teológico y litúrgico. El templo egipcio estaba pleno de multitud de riquezas que aumentaban con los regalos reales y de botines de guerra y eran administrados por sus clérigos funcionarios; éste, además, era la casa de dios y en él existía un culto cotidiano basados en una serie de actos prestados por el sacerdote a la divinidad. Estos deberes eran realmente sencillos. En su condición de servidores de un dios, los sacerdotes egipcios también eran funcionarios encargados de funciones administrativas en el palacio y sirviendo al faraón, también gozaban de una activa vida pública, similar a la de muchos habitantes del Valle del Nilo. Junto a estos deberes específicos, sacerdotes egipcios y sacerdotisas también debían obedecer a algunas prohibiciones. Esto era lo que se denominaba formas de purificación, entre las mismas destacamos el hecho de no poder comer carne de vaca, de cerdo, de pécora, de paloma y de pelícano; además de determinadas partes de otros animales. Debían abstenerse, además, de comer pescado, legumbre y ajo. Bebían poquísimo vino y evitaban la sal. Con respecto a la abstinencia sexual, aunque era obligatoria durante el periodo de servicio en el templo, no podemos hablar de celibato ya que son numerosas las crónicas griegas las que hablan del sacerdote como un ser humano corriente con sus vicios carnales.

A pesar de ello, estas abstinencias serían recompensadas con pingües beneficios, tanto sociales como económicas otorgadas por el propio cargo he ahí el hecho de que el número de solicitudes para formar parte del clero fuese muy elevado.

Con respecto a la organización seguida en clase social clerical, aún hoy no podemos establecer un jerarquía estricta entre los distintos cargos sacerdotales ya que es sabido que el título podía variar con el tiempo o con el templo determinado al que uno perteneciera, pero sí una cierta estructura. Atendiendo a un posible orden basado en la jerarquía observamos:

  • Al “sirviente del dios” o “Supervisor de los sirvientes del dios”. Éstos eran los sacerdotes principales y sus funciones tenían que ver sobre todo con los templos, más que con los cultos funerarios. Participaban en la vida económica de éstos, realizaban los rituales y preparaban las ofrendas. Eran de los pocos privilegiados que podían penetrar en el sancta sanctorum y ver la estatua del dios.
  • Al wab, el sacerdote puro al que incumbía examinar las vísceras de los animales ofrecidos en sacrificio pero no podían penetrar en la parte sagrada del templo para ver al dios.
  • Al Kherihebet o lector, que tenía por misión leer en voz alta los textos sagrados.
  • Al Sem, quienes estaban vestidos con una piel de leopardo.
Ofrenda a las sacerdotisas

Ofrenda a las sacerdotisas

La vestimenta del sacerdote estaba basada en el hábito sacerdotal, prenda elaborada a partir del lino (el tejido libre de impureza) y en unas sandalias de fibra de palma. Estaban prohibidos los vestidos de lana y las sandalias de cuero. El hecho más característico es que absolutamente todos llevaban el cráneo rasurado.

La relación de la figura del sacerdote con el pueblo en absoluto se asemeja a la conocida en el cristianismo, la religión popular no tenía nada que ver con ellos por lo que no podemos hablar de ningún tipo de relación entre los sacerdotes con la gente común y, aún menos, de una participación del pueblo en los actos de culto ya que ésta estaba restringida a las fases públicas de las procesiones y de los funerales solemnes. Es por ello por lo que los fieles acudían en multitud a las grandes fiestas religiosas que se celebraban en los santuarios, pero, en general, su papel era siempre el de simples espectadores.

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