Los pueblos del mar: La amenaza de Egipto

Egipto ha orientado su política exterior teniendo en cuenta dos principios fundamentales.

Por un lado, el aislamiento hacia influencias externas, buscando la integridad territorial del reino; por otro, un agresivo imperialismo orientado hacia todas las fronteras de sus tierras, a través del Sinaí hacia el Levante mediterráneo, siguiendo el curso del río Nilo hasta las tierras de los nubios, y hacia el oeste expandiéndose por el desierto libio.

Sin embargo, la historia del Egipto faraónico, en mayor o menor medida, se ha visto envuelta en la incipiente política exterior del Mediterráneo oriental, y su desarrollo se ha visto condicionado por los flujos poblacionales que recorrieron la cuenca mediterránea en la época antigua. De tal manera se vio condicionada, que podemos deducir que las propias decisiones de los poderes egipcios muchas veces se vieron sometidos a los avatares de lo que ocurría más allá de su frontera.

El final del llamado Imperio antiguo vino determinado por los acontecimientos exteriores. No tanto por la irrupción de pueblos extranjeros que acabasen de forma violenta con las estructuras de poder egipcias, sino por la falta de una respuesta adecuada por parte de las mismas.

pueblos del mar

En torno al III milenio a. de C. se han constatado arqueológicamente las destrucciones sucedidas en Grecia debido a la llegada de poblaciones indoeuropeas, que al poseer el carro disponen de una ventaja militar sobre las poblaciones autóctonas. Estos grupos se instalaron en la región de Asia Menor donde se unieron con la población nativa, futuro germen del reino hitita. Posteriormente, su expansión se dirigió hacia las mesetas de Irán y la India. Egipto nunca vivió una amenaza directa. Sin embargo, la necesidad de prever una defensa frente a potenciales invasiones posibilitó que se generase una fuerte debilidad interna. Durante la VI Dinastía, los gobernadores locales de los nomos acrecentaron enormemente su poder. Esta dispersión de un poder unificador y su posterior atomización posibilitaban mejores condiciones de defensa frente agresiones foráneas. El faraón fue perdiendo capacidad de decisión frente a reyezuelos locales. El proceso se desarrolló durante un siglo y medio de constantes revoluciones, conocido como Primer Periodo Intermedio. El caos finalizó cuando un gobernador local comenzó una larga guerra de unificación que culminó uno de sus sucesores, ascendiendo al trono como el faraón Mentuhotep I, creador del llamado Imperio Medio.

Este nuevo poder también desapareció consecuencia de los movimientos migratorios externos. A la muerte de su última monarca en 1786 a. de C., la reina Sebekneferura, de la XII Dinastía, se constata el asentamiento de grupos de población asiática en torno al delta del Nilo. Su presencia llegó a ser tan importante que estos grupos, denominados bajo el nombre de hicsos, ocuparon la ciudad de Avaris en el año 1720 a. de C. En 1675 a. de C. los hicsos lograron conquistar la capital egipcia Menfis, proclamando nuevo faraón a Seshi I, inaugurando la XIV Dinastía. Aún así, desde Tebas se animó un fuerte movimiento de reacción egipcia que culminó prácticamente un siglo más tarde con la entronización de la XVIII Dinastía y el comienzo de la expansión egipcia hacia Asia.

Aun teniendo en cuenta todos estos acontecimientos, los egipcios reservaron el término de “pueblos del mar” a un importante movimiento migratorio posterior. En torno al año 1200 a. de C. numerosos grupos recorren el Mediterráneo oriental. No está muy claro los componentes precisos de estas gentes. En algunos momentos, parece claro que podemos referirnos a aquellos, pueblos prehelénicos, o incluso anatolios. Lo único cierto es que destrozaron todo el sistema comercial que había sido creado gracias a unas relaciones de cierta cordialidad entre los faraones egipcios y los reyes hititas, propiciando el aislamiento del país del Nilo que cerraría posteriormente sus fronteras a cal y canto.

Grabado representativo de una batalla

Grabado representativo de una batalla

El primero que sufrió los ímpetus de estos pueblos fue el gran Ramses II. También fue el primero que logró hacerles frente, pero también el único que consiguió rechazarlos íntegramente. Una de las primeras fronteras de Egipto que fue atacada se localizaba en el oeste. Las tribus libias se internaron con gran fuerza a través del desierto occidental. Fruto de estos ataques rechazados, fue la construcción de una línea de fortificaciones que se extendían a lo largo del desierto libio.

A la muerte de Ramses II, le sucede uno de sus tantos hijos, Merenptah. Bajo su monarquía, los libios se unificaron en torno al príncipe Marayeyo, e iniciaron una rápida incursión sobre tierras egipcias. Consiguieron destrozar casi completamente la línea de fortificaciones de Ramses II, llegando a amenazar ciudades como Menfis o Heliópolis. Los egipcios consiguieron reaccionar frente a los ataques, iniciándose una cruenta guerra sin un claro vencedor. En ese mismo momento, se abre un nuevo frente en las fronteras con Palestina, comenzando otra guerra contra numerosos pueblos, entre ellos Israel. Merenptah fue capaz de rechazar, no sin dificultades, el ataque de los pueblos del mar. Pero la inestabilidad frente a la amenaza exterior volvió a socavar los cimientos sobre los que se sustentaba el poder egipcio. A su muerte, se inició una guerra civil que sólo concluyó con la proclamación de un nuevo faraón en la figura de Sethi I, fundador de la XX Dinastía.

De nuevo, la amenaza exterior provocó una profunda revolución interior en Egipto, con el consiguiente desgaste del poder central del faraón y la aparición de pequeños poderes más capaces para hacer frente a la amenaza. Sin embargo, esta última oleada migratoria supuso el fin de la grandiosidad de Egipto que, a partir de entonces, se conformaría con ser mero espectador del devenir histórico esperando un fin cierto que aún habría de prolongarse largos siglos.

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