El comercio durante los tolomeos: Talasocracia lágida

los tolomeos

ptolomeoPtolomeo Soter fue el creador de la dinastía lágida que ocuparía el trono de Egipto hasta la conquista romana. Las disputas entre los diferentes reinos concluiría, más o menos, en el siglo III a. de C. con la instauración de un denominado equilibrio de potencias.

Sin embargo, este supuesto equilibrio entre los reinos helenísticos escondía una situación diferente a la que pretendía hacer creer. El Egipto de los Tolomeos se había convertido en la principal potencia del momento en el Mediterráneo oriental. La supremacía de la flota lágida había impuesto un estatus quo en la región donde prevalecían los intereses económicos de los tolomeos. Fue sobre la base de este poder económico sobre el que se asentó el resto de la actividad gubernativa de los sucesivos monarcas lágidas, estableciendo durante todo el siglo III a. de C. una auténtica supremacía comercial en la zona a Egipto y, por lo tanto, una supremacía política sobre el resto de reinos tanto de Asia como de Grecia.

La historiografía moderna todavía discute el carácter de esta hegemonía comercial egipcia durante este siglo al que nos venimos refiriendo. Lo cierto es que los monarcas lágidas establecieron un sistema de imperialismo que extendía su poder no sólo a la cuenca mediterránea sino más allá del mar Rojo.

Numerosos historiadores afirman que este imperialismo económico tenía como objetivo proporcionar la mayor cantidad posible de riqueza al reino. Sin embargo, para otros investigadores, los egipcios habrían desarrollado esa política imperialista con el objetivo de defender sus logros comerciales. De esta manera, la extensión del poder político lágida sobre otras áreas, en concreto en Asia contra los seleúcidas y en el Egeo, perseguiría la protección de las poderosas relaciones comerciales establecidas.

El comercio de los tolomeos tuvo, casi en su totalidad, el carácter de una actividad estatal. Las modernas tesis historiográficas defienden la constante necesidad de la monarquía de proveerse de metales nobles con los que poder afrontar los enormes gastos militares que sufría. De esta manera, ya desde los tiempos de Tolomeo I Soter, toda la explotación del país se racionalizó para obtener el mayor número posible de excedentes, sobre todo agrarios. A través de su comercio, en especial en el Egeo, los reyes lágidas obtendrían gran cantidad de metales preciosos, sobre todo oro y plata, con los que sufragar las pagas de sus ejércitos.

Este comercio, por lo tanto, era vital para un país que no disponía de los suficientes recursos metalíferos pero sí de una sobrada producción agraria. De esta manera, se perseguía uno de los principales objetivos de la monarquía en la economía: Obtener una balanza comercial favorable mediante la exportación de productos alejandrinos y del cereal.

De la misma manera, Alejandría iba a ser el centro fundamental de este comercio. En el siglo III a. de C., la ciudad era la más destacada de todas las urbes helenísticas. Disponía de una abundante población de origen griego dedicada a las actividades artesanales. Su posición geográfica era envidiable. Disponía de una amplia fachada hacia el Mediterráneo con dos puertos naturales. De la misma manera, se encontraba perfectamente unida al interior del país a través de la principal vía de transporte fluvial, el río Nilo. Su artesanía, centrada en productos como los tejidos, la orfebrería, la vidriería, los perfumes, los productos farmacéuticos, la cerámica de lujo o el papiro eran de una excelente calidad y de renombrada fama en todos los puntos del Mediterráneo. La necesidad de abastecer de materias primas de lujo a estos centros manufactureros justificó muchas veces las actividades comerciales. De la misma forma, Alejandría se convirtió en el principal centro exportador de cereal.

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Tres fueron las principales rutas comerciales: Con el Egeo, con el sur y este, y con el Mediterráneo occidental.

El producto estrella que se exportaba hacia el Egeo era el cereal, en clara competencia con el grano procedente de la región póntica. Los lágidas disponían de extensiones considerables de propiedades en la Grecia continental, a las que se dirigía este comercio. Posteriormente, el intercambio se realizaba a través de la mediación de los comerciantes rodios. Estas cantidades ingentes de trigo eran cambiadas por dinero en forma metálica. De gran interés para los monarcas lágidas.

Los principales centros de comercio en el Mediterráneo occidental se encontraban en Cartago y en Siracusa. En la época de Tolomeo II se estrechan mucho más las relaciones comerciales con las dos ciudades citadas y se empieza a comerciar con Roma. Era un comercio muy interesante para los egipcios, ya que obtenían de Cartago plata y estaño en gran cantidad. Sin embargo, la importancia de Roma en la balanza comercial lágida no fue tan fundamental, y el comercio entre ambas zonas sólo sería de consideración después de la conquista romana de Egipto.

El comercio con África ecuatorial y con Arabia y la India tenía como objetivo abastecer a las ciudades egipcias, y en especial a la artesanía alejandrina, de las materias primas de lujo que precisaban. Así obtenían elefantes, marfil, oro, incienso, perfumes, especias… que también podían ser redistribuidos al resto del Mediterráneo.

El comercio con África se apoyaba en rutas terrestres, siendo favorecido por la buena disposición de los gobernantes de Meroe. Respecto al de la India y Arabia, los tolomeos potenciaron la ruta del mar Rojo para no tener que depender de los intermediarios nabateos. Para ello, establecieron diversos enclaves en la costa de la actual Somalia como puestos intermedios en la ruta a la India. A finales del siglo II se llegó a descubrir la navegación monzónica. Sin embargo, se trataba de una ruta demasiado larga y peligrosa para que prosperase.

El comercio lágida fue la base del esplendor del Egipto helenístico en el siglo III a. de C., además de estrechar las relaciones entre el Mediterráneo y África y Asia. El fin de la monarquía lágida y su decadencia también supusieron el fin de su supremacía comercial.

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