Dioses populares: La religión del pueblo

Las fuentes a las que recurren los egiptólogos para estudiar la vida del antiguo Egipto suelen obviar los aspectos que se refieren a las clases populares. Esto supone que las fuentes no hacen referencia a la casi mayor parte de la población de Egipto.

Es decir, tan sólo pueden aportar algo de luz sobre la vida de personajes relevantes así como de los propios faraones y sus hazañas o de los sacerdotes. Este problema es más acuciante si nos referimos a determinados aspectos como pueden ser los más sociales, ya que sí pueden existir referencias que vayan escribiendo la historia económica o política del país.

En un país donde la religión es la estructura básica sobre la que se sustenta cualquier actividad es sorprendente como un hecho de singular importancia, la religiosidad popular, apenas mereció el interés de las clases cultas contemporáneas de Egipto. A través de numerosos documentos, podemos conocer perfectamente numerosos aspectos espirituales de los egipcios, siempre de las clases altas. Sin embargo, esta religión era de tipo oficial. Era la religión profesada por el faraón y, en su nombre, por la clase sacerdotal. Era una religión a la que no tenía acceso el pueblo, ya que sus principales preceptos ya eran cumplidos por el faraón y el clero.

Aún así, es evidente que el pueblo egipcio debió mostrar algún tipo de sentimiento religioso. En la Europa del siglo XVII, con una religión católica en plena Contrarreforma, envuelta en gran boato y en un cierto misterio para el pueblo, se desarrollaron ciertas manifestaciones de religiosidad popular que satisfacían las necesidades espirituales más inmanentes del pueblo llano. Algo similar, salvando las evidentes distancias cronológicas, culturales y geográficas, debió suceder en el Egipto faraónico. El pueblo, sin apenas una base cultural, debía conocer de manera superficial los entresijos de la religiosidad oficial. De esta manera, la adaptaría a sus propios intereses. Por esto mismo, desarrollaría algunos aspectos religiosos en detrimento de otros. Buscaría sobre todo lo más inmediato y que le proporcionase unos beneficios que pudiese aplicar a su dura vida cotidiana.

dioses populares

Los egiptólogos que han abordado tan complejo tema suponen la existencia de algún tipo de culto popular para cada uno de los dioses del panteón oficial egipcio. De esta manera, dependiendo del período, los egipcios honrarían al determinado dios nacional. Después, todos los dioses de carácter principal también serían venerados, de forma particular, por los campesinos. En última instancia, y dependiendo del lugar de residencia, se rendiría algún tipo de homenaje a la divinidad local. Sin embargo, estos cultos de carácter particular, celebrados casi con toda seguridad en la intimidad, son totalmente desconocidos por la absoluta ausencia de fuentes que nos informen sobre ellos. Por ello, simplemente se trata de una suposición más que lógica. Incluso, teniendo en cuenta el carácter extremadamente oficial de estos cultos, no estarían muy bien vistos por las clases que detentaban el poder religioso oficial .

En ciertas fuentes, sin embargo, hay claras referencias a ciertos dioses que podemos suponer secundarios. Este papel les vendría otorgado frente a los dioses principales, los oficiales. Esta suposición se basa en que estos dioses secundarios apenas aparecen mencionados en los himnos religiosos oficiales. Se trataría, por lo tanto, de los dioses específicos del pueblo no pudiente, a los que los elementos privilegiados les prestan una especial atención, aunque recalcando su carácter secundario. Se trata, en todo caso, de dioses distintos a los de la religión oficial.

Teniendo en cuenta el carácter eminentemente agrícola de la población egipcia, es evidente que la mayoría de estos dioses secundarios pudieran ponerse en relación con las actividades vinculadas a los trabajos de la tierra. Por eso, no es extraño encontrar que algunos aspectos como la simiente estuviesen deificados por los campesinos. También, uno de estos principales dioses populares sería la divinización y antropomorfización del río Nilo, que, no en vano, era el que proporcionaba las bases de los recursos de los agricultores.

En otros casos, y con un carácter más secundario todavía, podemos encontrarnos con toda una serie de semidivinidades protectoras, casi siempre espíritus que ofrecían su protección y salvaguarda a las personas que les rendían culto. Sobre todo, se trataba de espíritus que protegían la fecundación de la mujer, el embarazo, el parto… El más famoso quizá sea Bes, representado como un ser enano deforme, con el rostro desfigurado. Normalmente se le representa domando un león, aunque con el paso del tiempo fue tomando atributos de otras divinidades. También existía una cierta superchería, siendo muy frecuente el uso de amuletos, los más populares eran los que representaban escarabajos.

dioses-populares

Otra mención merecerían los dioses de los e
xtranjeros. No existía ningún tipo de reparo a que los extranjeros residentes en Egipto celebrasen cualquier ceremonia en honor de sus respectivos dioses. Pero existía un claro sentimiento de desprecio hacia los mismos. Los egipcios se consideraban un pueblo ciertamente superior respecto a sus vecinos foráneos. Esta superioridad, sobre todo religiosa e intelectual, implicaba que ningún egipcio adoptaría una divinidad extranjera, ya que su propio sistema teológico se encontraba mucho más cercano a la perfección y verdad absoluta que muchos otros desarrollados en otras áreas geográficas.

Por eso no se dio nunca la asimilación de seres divinos extranjeros, algo que solía ser bastante frecuente entre los pueblos del Próximo Oriente. Los egiptólogos si apuntan una salvedad a esta circunstancia. Así, creen que los funcionarios y militares egipcios que permanecían destinados en países exteriores, sí pudieron verse afectados y rendir tributos a divinidades extrañas.

Por último, haremos referencia a seres humanos posteriormente divinizados, sin hacer mención a la larga lista de faraones. Sólo en dos casos una persona alcanzó tan alto rango. El primero fue Imhotep, visir del faraón Zoser, de la III Dinastía, además de su arquitecto y médico.

Otro fue Amenhotep, hijo de Hanu, arquitecto de Amenofis III. En ambos casos se les consideraba como dioses que otorgaban salud. La reina Hatshepsut les llegó a construir un templo en Deir – el – Bahari donde acudía gran cantidad de peregrinos, incluso durante la época romana, lo que nos indica su popularidad.

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