La Vivienda

  Maqueta de una casa
Maqueta de una casa con puerta en forma de arco y rampa
para subir al tejado. XII Dinastía. British Museum
       Resulta algo extraño (cuando no paradójico) saber que una civilización que levantó tantísimas y tan variadas obras monumentales con un material de larga perdurabilidad como es la piedra, para sus viviendas personales solo empleasen (desde el imponente palacio del faraón a la casucha del más humilde campesino) el relativamente frágil y altamente perecedero adobe, esto es, ladrillos de barro mezclado con paja y secados al sol, motivo por el cual apenas han llegado hasta nuestros días restos de ciudades en un estado medianamente aceptable.
       La casa egipcia típica tenía (dependiendo del status económico y social de sus ocupantes) entre tres y diez habitaciones, (normalmente en línea unas detrás de otras), siendo habitual en ellas el número de cuatro: una entrada, (donde se recibían a las visitas y en la que se encontraba un pequeño altar dedicado a alguna divinidad de la fertilidad), un cuarto central, (en el que se desarrollaba la mayor parte de los acontecimientos de la vida cotidiana), una cocina, (lugar de preparación del sustento, la cual disponía de una salida de humos en el techo, aunque a veces las tareas para la que estaba dedicada podían llevarse a cabo alternativamente en un pequeño patio o en el tejado), y el dormitorio, (para el merecido descanso de sus moradores). Estas viviendas solían ser de una sola planta, y entre otros detalles adicionales podemos destacar estrechas aberturas a modo de ventanucos en la parte superior de los muros, (cuya misión era dejar pasar la luz del día pero no el polvo o el calor), una terraza, (que se orientaba siempre hacia el norte), aseos contiguos a los dormitorios, una bodega, (donde se guardaban las posesiones más importantes de la familia), un horno de ladrillos refractarios, (el cual era alimentado casi exclusivamente con excrementos secos de animales a veces mezclados con paja, combustible que tenía la ventaja de arder con facilidad, durante mucho tiempo, de forma limpia, y sin que despidiese malos olores), y un pozo de piedra, (de donde se obtenía el suministro de agua potable). El tejado era en general plano, (aunque en raras ocasiones se llegaron a construir inclinados), el suelo de tierra compactada, (estando por debajo del nivel de la calle, colocándose en él en una especie de hondonada un brasero con el que mitigar el frescor de las noches de invierno), y las fachadas solían pintarse de blanco. En cuanto a la iluminación la conseguían con pequeñas lámparas o copas de terracota alimentadas con aceite de oliva o ricino al que echaban un poco de sal con el fin de que no despidiese humo, aceite que ardía con una mecha confeccionada con lino, médula de papiro, o cáñamo, siendo sin embargo este un sistema no empleado con demasiada profusión, por cuanto tenían la costumbre de levantarse al alba y acostarse temprano con el fin de aprovechar al máximo las horas de luz solar.
Taburete de madera  
Taburete de madera con asiento de tela estucada.
XVIII Dinastía. Museo Egipcio de Turín
       Caso aparte eran, naturalmente, las lujosas villas de los nobles y la gente adinerada o importante, en las cuales se trataba de imitar siempre que era posible el lujo o las comodidades de las residencias reales. En ellas, a un número considerable de estancias de todo tipo, (frecuentemente decoradas con preciosas pinturas), se unían talleres, caballerizas, pocilgas, silos, tahonas, salas de baño, lagos de recreo, estanques, (en los que nadaban peces y patos), y muy cuidados y perfumados jardines repletos con una amplia variedad de plantas y árboles, (tales como la acacia, el cocotero, el granado, la higuera, el tejo, la palmera, el sauce o el sicomoro). Como sistema de protección solían rodearlas con un muro que en ocasiones llegaba a tener hasta tres metros de altura, y en cuanto a las puertas, cuando existían, eran de madera, un material que debido a su escasez era todo un lujo.
       Asimismo, como un complemento curioso a todo lo anterior citar que en algunas residencias existía también una dependencia especial en la que se encontraba el antecesor de nuestros hoy cotidianos y habituales retretes, el cual consistía básicamente en una especie de orificio delimitado por bloques de piedra o madera y que terminaba en un recipiente conteniendo arena que se renovaba todos los días.
       De cualquier modo, las casas, tanto las de los ricos como las de los pobres, acostumbraban a estar entremezcladas unas con otras, sin que existieran barrios que gozasen de una mayor o menor reputación, aunque eso sí, las ciudades solían estar circunscritas por un recinto amurallado.
       El mobiliario de que disponían era a la vez elegante y funcional. Como elemento imprescindible estaba la cama, que constaba de un marco de madera con un somier fijo realizado con cáñamo trenzado, y como complemento a ella, armarios, cofres, baúles, mesas y estantes, butacas, taburetes y asientos del más diverso tipo, (los cuales eran muchas veces elegantemente decorados grabando por ejemplo las patas en forma de cuello de pato o cigüeña y garras de león en los extremos), reposacabezas, cojines que solían ser de telas multicolores o de pieles como las de gacela, (y que los más sibaritas podían rellenar con plumón de tórtola), y multitud de esteras desplegadas por el suelo completando el conjunto.
  Cofre de madera
Cofre de madera posiblemente para guardar lencería.
XVIII Dinastía. Museo Egipcio de Turín
       Respecto a los útiles de cocina disponían de un amplio surtido de recipientes de todos los tamaños donde guardar alimentos y bebidas, (como tinajas o ánforas), así como de marmitas, infernillos, y unas heterogéneas y multiformes vajillas, (confeccionadas en barro para el uso ordinario, o en materiales pétreos como alabastro, esquisto, granito o cristal de roca cuando era de lujo), entre las que cabe citar cuencos y cubiletes, jarras, platos, vasos y copas, lebrillos, soperas o cráteras, un amplio surtido de enseres en los que también era frecuente que la gente pudiente emplease para su realización preciados metales como el oro o la plata.
       Grandes amantes de la limpieza y la higiene, (antes de entrar en cualquier vivienda se lavaban tanto las manos como los pies), los egipcios tenían la costumbre de fumigar sus dependencias frecuentemente, tanto para la eliminación de olores desagradables, como para una natural desinfección, lo que permitió que a lo largo de toda su historia no se tenga constancia (salvo en algún caso muy puntual) que se vieran atacados por plagas importantes. Asimismo extremaban los cuidados para proteger sus residencias de toda clase de enemigos naturales, como aves de rapiña, insectos, roedores, lagartos o serpientes. De hecho, en el famoso Papiro Ebers se pueden encontrar diversas recetas para la erradicación de este tipo de desagradables intrusos.
       Dos últimos detalles sobre este tema son que a veces (cuando la necesidad así lo exigía) se compartía la casa con los animales, y que la evacuación de las aguas residuales y la eliminación de los desechos era algo que corría a cargo de las autoridades dedicadas a tal efecto, las cuales procedían a deshacerse de éstos últimos de la manera más práctica y efectiva: quemándolos.
BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA
  • CASTEL RONDA, ELISA. "La vivienda. Al calor del hogar". La vida cotidiana en tiempos de los faraones. Muy Especial Nº 33. G y J España Ediciones, S. L. Madrid. 1998.
  • KEMP, BARRY J. El Antiguo Egipto. Anatomía de una civilización. Editorial Crítica. Barcelona. 1992.
  • KILLEN, GEOFFREY. Egyptian Woodworking and Furniture. Shire Publications. Risborough. 1994.
  • LEOSPO, ENRICHETTA. "La carpintería: fabricación de muebles y marquetería". Civilización de los Egipcios. La vida cotidiana. Istituto Bancario San Paolo di Torino. Milán. 1988.
  • MONTET, PIERRE. La Vida cotidiana en Egipto en tiempos de los Ramsés. Ediciones Temas de Hoy S. A. Madrid. 1993.
  • PANYELLA, IMMA. "El mobiliario del hogar en el antiguo Egipto". Historia National Geographic, Nº 33. RBA Revistas, S. A. Barcelona. 2006.
  • REISNER, GEORGE A. "The Household Furniture of Queen Hetep-heres I". Bulletin of the Museum of Fine Arts, Vol. 27, Nº 164. Museum of Fine Arts. Boston. 1929.
  • SECO ALVAREZ, MYRIAM. "La casa privada en el Egipto antiguo". Actas del I Congreso Español de Antiguo Oriente Próximo. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid. 1997.
  • UPHILL, ERIC P. Egyptian Towns and Cities. Shire Publications. Princes Risborough. 1988.
Manuel Crenes

Volver al Menú Anterior

Volver a la Página de Inicio