La Vegetación
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Entre las plantas más esenciales y abundantes para la buena marcha del país cabe citar por un lado el papiro, (denominado Uady en el lenguaje nativo), el cual se desarrollaba fundamentalmente en el citado Delta, y con cuyo centro fibroso fabricaban el soporte sobre el que escribir por excelencia, (soporte que como extensión recibe su nombre de la propia planta), dedicando su corteza a manufacturar muchos otros elementos tales como pequeñas embarcaciones, cuerdas, cestos, esteras o sandalias; y por otro lado estaba el lino, que era empleado principalmente para elaborar telas con las que confeccionaban vestidos para los vivos y vendas para amortajar a los difuntos, así como diversos útiles menores, entre los que se pueden destacar mechas con las que alumbrarse por las noches merced a lámparas de aceite, o redes de pesca. Extraordinariamente amantes de los jardines, los egipcios se distinguieron por ser grandes cultivadores de flores, (amapolas, crisantemos, lotos, rosas o margaritas), aunque no solo por motivos ornamentales, (ya que con ellas adornaban las mesas a la hora de dar un banquete, así como a los invitados a estos, a quienes colgaban elegantes y aromáticas guirnaldas), sino porque gracias a ellas se fabricaban los perfumes que tan profusamente usaron tanto en el entorno humano como en el de los dioses, al tiempo que con su concurso las abejas producían la siempre deliciosa y nutritiva miel, (empleada como endulzante de bebidas, en pastelería, como remedio terapéutico, o en la composición de cremas de belleza).
Finalmente, no se puede olvidar en este tema de todas aquellas especies vegetales destinadas al consumo humano, de las cuales son de destacar de forma especial (por ser el alimento fundamental para el sostenimiento del país) a los cereales, (trigo y cebada), los cuales eran acompañados por una gran variedad de verduras, hortalizas, legumbres o frutas, entre las que cabe enumerar (por citar algunas) ajos y cebollas, lechugas, puerros y espárragos, lentejas, alubias o garbanzos, dátiles, higos, melones, sandías o uvas. Un detalle adicional sobre la importancia otorgada a los representantes de la vegetación en el antiguo Egipto, nos la da el saber que los jardines no solo adornaban las residencias del faraón o los nobles, sino que los propios templos disponían asimismo de amplias áreas en las que árboles y plantas de todos los géneros eran cuidados con el mayor esmero, (pues no en vano algunos de los primeros -como la persea o el sicomoro- fueron considerados sagrados), hasta el punto de que determinadas variedades eran incluso traídas desde lejanos países como el mejor de los presentes que se pudiera ofrecer a los dioses, (por ejemplo los árboles de incienso importados desde el País de Punt por la faraona Hatshepsut, y que serían ofrendados por ésta al dios Amón). |
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| BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA | ||||||
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Manuel Crenes |
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