La Vegetación

Maqueta de una casa con jardín  
Maqueta de casa con jardín hallada en la Tumba de Maketra
en Deir el-Bahari. XI Dinastía. Museo de El Cairo
       Aunque el estado egipcio actual comprende una superficie de 1.001.449 kms², en la antigüedad el terreno ocupado por los súbditos de los faraones se circunscribía sin embargo a un área mucho más restringida, área que si linealmente tenía una gran longitud, (unos 1.200 kms desde los límites establecidos en Assuán hasta la frontera natural definida por el mar Mediterráneo), de ellos, unos 900 kms, (hasta la ciudad de Menfis donde comenzaba el Delta), gozaba tan solo de una anchura que podía oscilar entre 2 y 25 kms, motivo por el que la superficie global ocupada apenas alcanzaba a tener en conjunto unos 25.000 kms², aunque eso sí, se trataba de una superficie poseedora de uno de los suelos más fértiles del mundo (gracias al limo vertido por el Nilo tras la crecida anual), y en el que por tanto crecían infinidad de especies vegetales.
       Entre las plantas más esenciales y abundantes para la buena marcha del país cabe citar por un lado el papiro, (denominado Uady en el lenguaje nativo), el cual se desarrollaba fundamentalmente en el citado Delta, y con cuyo centro fibroso fabricaban el soporte sobre el que escribir por excelencia, (soporte que como extensión recibe su nombre de la propia planta), dedicando su corteza a manufacturar muchos otros elementos tales como pequeñas embarcaciones, cuerdas, cestos, esteras o sandalias; y por otro lado estaba el lino, que era empleado principalmente para elaborar telas con las que confeccionaban vestidos para los vivos y vendas para amortajar a los difuntos, así como diversos útiles menores, entre los que se pueden destacar mechas con las que alumbrarse por las noches merced a lámparas de aceite, o redes de pesca.
       Extraordinariamente amantes de los jardines, los egipcios se distinguieron por ser grandes cultivadores de flores, (amapolas, crisantemos, lotos, rosas o margaritas), aunque no solo por motivos ornamentales, (ya que con ellas adornaban las mesas a la hora de dar un banquete, así como a los invitados a estos, a quienes colgaban elegantes y aromáticas guirnaldas), sino porque gracias a ellas se fabricaban los perfumes que tan profusamente usaron tanto en el entorno humano como en el de los dioses, al tiempo que con su concurso las abejas producían la siempre deliciosa y nutritiva miel, (empleada como endulzante de bebidas, en pastelería, como remedio terapéutico, o en la composición de cremas de belleza).
  Distintos tipos de árboles cargados de frutos
Distintos tipos de árboles cargados de frutos.
Tumba de Senedjem. XIX Dinastía
       Un caso especial dentro de la vegetación era el de los árboles, un bien tan escaso y preciado que estaban férreamente protegidos, hasta el punto que ya desde el Reino Antiguo se hacían detallados censos de ellos (aunque probablemente más con fines fiscales que por otros motivos), debiéndose en algunas épocas (como durante la dinastía XVIII) obtenerse una autorización nada menos que del Visir para talar ciertas especies. La madera que aportaban recibió infinidad de usos, siendo empleada para fabricar por ejemplo embarcaciones de todos los tamaños, vigas para sustentar los techos de las construcciones, puertas con las que resguardar los templos o palacios, amen de muebles, sarcófagos, herramientas agrícolas, estatuas de cuanto personaje pudiera permitirse semejante dispendio, así como un largo etcétera difícil de enumerar. Entre sus variedades podemos citar a la acacia, la higuera, el olivo, el cocotero, el tejo, el azufaifo, la moringa, la balanita, el tamarindo, el sauce, o la palmera, un amplio grupo al que se unieron en diferentes épocas otras especies más, como el almendro, el granado o el limonero, importándose asimismo como complementos a ellos ciertas maderas nobles, como las procedentes de los cedros del Líbano, o el muy apreciado ébano que provenía de las regiones interiores de África.
       Finalmente, no se puede olvidar en este tema de todas aquellas especies vegetales destinadas al consumo humano, de las cuales son de destacar de forma especial (por ser el alimento fundamental para el sostenimiento del país) a los cereales, (trigo y cebada), los cuales eran acompañados por una gran variedad de verduras, hortalizas, legumbres o frutas, entre las que cabe enumerar (por citar algunas) ajos y cebollas, lechugas, puerros y espárragos, lentejas, alubias o garbanzos, dátiles, higos, melones, sandías o uvas.
       Un detalle adicional sobre la importancia otorgada a los representantes de la vegetación en el antiguo Egipto, nos la da el saber que los jardines no solo adornaban las residencias del faraón o los nobles, sino que los propios templos disponían asimismo de amplias áreas en las que árboles y plantas de todos los géneros eran cuidados con el mayor esmero, (pues no en vano algunos de los primeros -como la persea o el sicomoro- fueron considerados sagrados), hasta el punto de que determinadas variedades eran incluso traídas desde lejanos países como el mejor de los presentes que se pudiera ofrecer a los dioses, (por ejemplo los árboles de incienso importados desde el País de Punt por la faraona Hatshepsut, y que serían ofrendados por ésta al dios Amón).
BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA
  • BAUM, NATHALIE. "L'organisation du règne végétal dans l'Égypte ancienne et l'identification des noms de végétaux". Encyclopédie Religieuse de l'Univers Végétal. Université Paul-Valéry. Montpellier. 1999.
  • BAUM, NATHALIE. Arbres et arbustes de l'Egypte ancienne. Peeters. Leuven. 1988.
  • BEAUX, NATHALIE. Le Cabinet des Curiosités de Thoutmosis III. Plantes et animaux du 'Jardin Botanique' de Karnak. Peeters. Leuven. 1990.
  • BREWER, DOUGLAS J. / REDFORD, DONALD B. / REDFORD, SUSAN. Domestic Plants and Animals. The Egyptian Origins. Aris and Phillips. Warminster. 1994.
  • DE LARA I BARLOQUE, XABIER. Jardines y dioses egipcios. Turismapa, S. L. Barcelona. 2005.
  • HUGONOT, JEAN-CLAUDE. Le jardin dans l'Egypte Ancienne. Peter Lang. Frankfurt. 1989.
  • MANNICHE, LISE. An Ancient Egyptian Herbal. University of Texas Press. Austin. 1989.
  • RIVERA NÚÑEZ, DIEGO. "Hombres y plantas en el Antiguo Egipto". Historia 16, Nº 104. Historia 16. Madrid. 1984.
  • WILKINSON, ALIX. The Garden in Ancient Egypt. Rubicon Press. London. 1998.
Manuel Crenes

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