Los Recursos Minerales
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Sobre el primero de ellos, la piedra, dos fueron los usos esenciales para las que serían empleadas: por un lado, para erigir las imponentes y magníficas construcciones que tanta admiración y respeto han despertado a lo largo de los siglos, principalmente pirámides, templos y obeliscos; y por otro, para elaborar un heterogéneo y multiforme surtido de objetos de todos los tamaños, destinados a ser disfrutados tanto en esta vida como presumiblemente en el Más Allá, unos objetos que van desde estatuas, sarcófagos o estelas, hasta amuletos, figurillas funerarias, o recipientes de las formas más diversas. Para lograr lo anterior, los habitantes del valle del Nilo explotaron hasta la saciedad un buen número de canteras y minas, algunas de las cuales se encontraban en las proximidades de ciudades importantes, estando otras ubicadas por el contrario en lejanas regiones, como el Desierto Oriental, Nubia, o la Península del Sinaí. En cuanto a la materia prima propiamente dicha encontrada en ellas, cabe destacar de forma especial la caliza de extraordinaria calidad y blancura que se extraía de Turah, (lugar situado en las cercanías de Menfis y muy cerca de las pirámides de Gizeh), la arenisca que fuera tan ampliamente usada en el Reino Nuevo, (y que era originaria de lugares próximos a Edfú o Gebel Silsilah), el brillante, translúcido y fácil de trabajar alabastro, (procedente de Hat-Nub, en el entorno de Tell el-Amarna, o de Assiut), las diversas variedades de granito, (del que era especialmente apreciado el de color rojo encontrado con profusión a la altura de Assuán), la pizarra y el basalto, (provenientes del Uadi Hammamat), así como una cuarcita de excelente calidad, (que podía hallarse en las cercanías de Heliópolis), un breve pero significativo conjunto al que habría que unir otras variedades asimismo ampliamente usadas, como el muy abundante sílex o la durísima diorita, la calcedonia, el gres, el jaspe, el pórfido, el mármol, o el esquisto. Respecto a los minerales, el uso principal que se les dio fue el de extraer de ellos los valiosos metales que serían tan profusamente utilizados en fabricar innumerables útiles de todo tipo, útiles que iban desde armas, joyas o adornos, hasta herramientas de labranza o instrumentos quirúrgicos. De entre estos, el empleado de forma más habitual por su abundancia y bajo coste fue el cobre, (el cual era extraído fundamentalmente de la malaquita y la azurita), un metal que provenía en su mayor parte de yacimientos ubicados en la citada península del Sinaí, (especialmente del Uadi Maghara, así como del lugar conocido como Serabit el-Jadim, un lugar tan importante que se llegó a construir en él un magnífico templo en honor a la diosa Hathor, pues no en vano era considerada como protectora de los mineros), aunque también había ocasiones en que debido a la permanente demanda de dicho metal, muchas veces llegaba a ser importado igualmente de lugares más lejanos y ajenos al país del Nilo, como por ejemplo la isla de Chipre.
Finalmente tampoco podemos olvidar como un representante de primerísimo orden dentro del mundo mineral al natrón, una sal natural que extraída de forma prioritaria de un lugar situado al oeste del Delta, (llamado Uadi Natrum), sería empleada para infinidad de tareas, entre las que cabe destacar la desecación de cadáveres durante el proceso de momificación, su amplio uso como elemento de higiene, o su empleo como un componente base en fórmulas que podían estar destinadas a elaborar desde medicinas de todo tipo hasta cremas de belleza. Aunque la explotación de minas y canteras tuvo lugar ya desde la Época Predinástica, dicha explotación no siempre se llevó a cabo de manera continuada y regular, sino que había casos en los que para ponerla en marcha se organizaban poco menos que gigantescas expediciones promovidas por el propio faraón, expediciones en las que no se limitaban a extraer lo más rápida y eficazmente posible los materiales deseados de sus lugares de origen, sino que como añadido adicional también levantaban en el entorno auténticos poblados donde alojar a los trabajadores, al tiempo que los capataces y jefes de obras tenían la costumbre de grabar sobre grandes rocas de los alrededores extensos textos en los que plasmaban con prolijos detalles múltiples e interesantes pormenores sobre las tareas que llevaban a cabo, textos que han servido en la actualidad para conocer multitud de facetas sobre el tema tratado. Como es de suponer, la extracción de piedras y el trabajo en las minas eran de los más duros de cuantos se desarrollaron a lo largo de la historia egipcia, y ello no solo por su propia naturaleza intrínseca, sino porque como ya hemos manifestado semejantes tareas se llevaban a cabo muchas veces en áreas muy alejadas de la civilización, en unos lugares en los que al calor agobiante y la falta de agua por desgracia demasiado frecuente, se unían los peligros derivados de los ataques de beduinos y grupos de bandidos, quienes de forma relativamente cómoda, trataban de hacerse con la riqueza extraída con tanto esfuerzo. Por tales motivos, aunque la labor tratada podía ser ejercida por profesionales que desempeñaban dicho oficio de forma libre y voluntaria, la mayor parte sin embargo de estos ingratos trabajos eran llevados a cabo por prisioneros de guerra y condenados por la ley, unos grupos de desgraciados que debían realizar su labor hasta caer extenuados, muriendo por desgracia muchos de ellos en virtud tanto de las enfermedades como del agotamiento. |
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| BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA | ||||||
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Manuel Crenes |
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