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Pesa para oro. Reino Medio. Museo de Bellas Artes de Boston |
En los orígenes, las transacciones económicas que se llevaban a cabo tanto en Egipto como en las culturas y civilizaciones contemporáneas suyas, ya fuera entre particulares, ya para el pago de impuestos, tasas, salarios, dotes o multas, tuvieron lugar merced al intercambio de mercancías, especialmente productos agrícolas o ganado, siendo en el país del Nilo el trigo la base del trueque, aunque asimismo se emplease para tal fin otros dispares elementos que iban desde la cerveza o el vino, hasta carne, ropas, calzado, amuletos, utensilios de cerámica, o el traspaso de tierras, esto último sobre todo cuando la cuantía económica a satisfacer alcanzaba un montante considerable. Hubo no obstante ocasiones puntuales en que también se pusieron en funcionamiento una especie de títulos de crédito y órdenes comerciales,
ancestrales antepasados de los billetes de banco. En cualquiera de los casos lo habitual era que las transacciones se llevasen a efecto dentro de los recintos controlados por los templos, por cuanto así se garantizaba no solamente la calidad de los bienes ofertados, sino asimismo la fiabilidad de los pesos y medidas empleados, existiendo para ello unos valores de referencia, los cuales solían cuantificarse en grano, (para los productos de pequeño coste), en cobre o bronce, (para artículos más corrientes o habituales), o en plata, (para mercancías de una cierta envergadura), tres elementos que podían intercambiarse en función de un sistema fijo de equivalencias, el cual de una forma sin precedentes permaneció constante a lo largo de los siglos.
Durante la dinastía XVIII, tiene lugar en este apartado una importante innovación: el uso de unidades metálicas de oro, plata o cobre, generalmente con forma de pulsera o brazalete, casi siempre con un peso de 91 gramos, aunque en determinadas épocas éste llego a variar hasta alcanzar a los 95,3: esta unidad era conocida como
Deben, unidad que en ocasiones también se fabricaba en piedra con forma de un animal, (como el conejo o la vaca), empleándose en este caso de contrapeso en las balanzas en aquellos artículos factibles de ser cuantificados de tal modo. El submúltiplo principal del Deben era el
Kedet o
Kite, (anillo). Estos usos no sustituyeron sin embargo al intercambio de mercancías, sino que más bien lo complementaron.
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Moneda de oro de Nectanebo II con los signos nebu (oro) y nefer (puro). Museo Kestner |
La introducción de la moneda propiamente dicha como elemento de compraventa no tiene lugar en Egipto hasta la dinastía XXVII, en el que reinando el persa Darío I se dan a conocer los
Dáricos de oro. Mas adelante, Hakor, faraón de la XXIX dinastía, se vio en la necesidad de acuñar una buena cantidad de piezas con el fin de pagar a los grupos de mercenarios griegos contratados por el ejército, ya que estos no aceptaban recibir sus salarios en especies: a estas monedas se les dio un tipo prácticamente idéntico a las emitidas en Atenas, motivo por el cual el citado faraón solicitó a dicha ciudad diversos cuños. Por fin, sería en la dinastía XXX y durante el gobierno de Nectanebo II cuando se confeccionaron las primeras piezas de origen nativo.
De todos modos, tan “revolucionaria” innovación fue acogida inicialmente de forma desconfiada y recelosa, por lo que no logró su implantación efectiva hasta el reinado de los Ptolomeos, momento en el que ésta dinastía de origen griego impuso sus unidades monetarias: los
Dracmas, (con sus diversas variantes:
Tetradracmas,
Didracmas o
Hemidracmas), así como los
Óbolos.
Sobre la moneda ptolemáica poner de manifiesto que las primeras acuñaciones tuvieron lugar entre los años 330 y 325 a.C., (inicialmente con las efigies del hermanastro de Alejandro Magno, Filipo Arrideo, así como de su hijo póstumo, unas imágenes a las que se unirían a partir del 305 ó 304 las de Ptolomeo I), que se hicieron particularmente abundantes, (aunque el numero de tipos fue mas bien limitado, pudiendo encontrarse entre ellas algunas de las piezas más hermosas de cuantas se confeccionaron en la esfera de influencia del mundo griego), y que éstas se llevaron a cabo tanto en oro, como en plata y bronce, si bien las de oro circularon muy poco, ya que eran rápidamente atesoradas por sus propietarios.
De hecho, las emisiones realizadas en oro y plata durante el gobierno de los primeros Ptolomeos tenían tal grado de pureza, que su uso se mantuvo vigente hasta la época islámica. De entre las cecas, la más importante sin duda fue la de Alejandría.