La Momificación

  Ginger: Momia de Época Predinástica
Momia de Época Predinástica apodada "Ginger", la cual se conservó
de forma natural merced al calor seco de la arena en que fue enterrada
       Se denomina momificación a los métodos a través de los cuales se deseca un cadáver para evitar su descomposición, y si bien han sido diversas las civilizaciones que han llevado a cabo estas prácticas a lo largo de su historia, (por ejemplo en algunas culturas precolombinas como la Inca), en ninguna se alcanzó el grado de dedicación ni perfeccionamiento que en Egipto, aunque no siempre a lo largo de sus más de tres mil años de existencia se siguió la misma técnica. De hecho, en el mismo Egipto, en la época del historiador griego Herodoto, (siglo V a.C.), dependiendo del poder económico del difunto o de sus familiares, existían tres tipos de embalsamamiento: un primero en el que se realizaban ocho tratamientos sobre el cadáver, un segundo más económico con tres, y un tercero y último para las personas más pobres de solo dos, tratamientos que en cualquiera de los casos se llevaban a cabo en dos fases bien diferenciadas:
       En la primera se extraían las vísceras del cuerpo (estómago, intestinos, hígado, vesícula, corazón y pulmones) a través de un corte realizado en el costado izquierdo con una piedra etíope afilada (de obsidiana o sílex), vísceras que convenientemente lavadas y desecadas, se depositaban en los vasos Canopos, unos recipientes especiales cuyas tapaderas reproducían las cabezas de "los Cuatro Hijos de Horus": Anset, Hapi, Duamutef, y Qebsenuf, recipientes que tras ser precintados se introducían en un cofre (generalmente de madera) que se colocaba al lado de la momia, y que tenía grabadas ocasionalmente en sus cuatro esquinas a las diosas Isis, Neftis, Neith y Selkis. A continuación (y tras una previa "licuefacción"), se extraía el cerebro con ayuda de un gancho o alambre curvado a través de un orificio practicado en la nariz, unos restos con los que aún no se ha podido dilucidar qué se hacía exactamente, aunque con toda probabilidad debieron ser desechados por cuanto se consideraba que este órgano no tenía ninguna función destacable. Seguidamente se lavaba el cuerpo interna y externamente con vino de palma, se rellenaban las cavidades abdominales (para evitar que se deformaran) con bolsitas de tela conteniendo trapos, fibras vegetales, serrín, o arena, se perfumaba con diversas esencias olorosas (como mirra o canela, descartándose curiosamente el incienso que era empleado para ungir tan solo la cabeza), y tras coser el corte se sumergía en natrón durante 70 días, la misma duración que la estrella Sothis (Sirio) tardaba en salir por el horizonte tras desaparecer previamente por el. Después de ese tiempo se había logrado su total desecación.
Vasos Canopos de Tutanjamon  
Cofre de alabastro conteniendo los vasos Canopos
del Faraón Tutanjamon. Museo de El Cairo
       A todo lo anterior se unió en algunas épocas (como por ejemplo durante la dinastía XXI) la costumbre de extraer los ojos, los cuales eran sustituidos por otros artificiales. Y otro tratamiento especial podía ser el aplicado a los órganos genitales masculinos, que si bien en la mayoría de los casos eran dejados en posición erecta en su lugar primigenio, en otros (como en los casos de los Faraones Seti I o de Ramsés II) se momificaron aparte, para ser posteriormente resguardados en una estatuilla dorada realizada en madera y con forma del dios Osiris.
       En la segunda fase se envolvían por separado y con el mayor cuidado los restos con vendas de lino, (primeramente los dedos de pies y manos, después brazos y piernas, a continuación la cabeza, y por último el resto del cuerpo), unas vendas que llegaban a alcanzar en su conjunto una longitud total de 300 a 500 metros, y que eran fijadas con goma arábiga, por lo que este proceso podía llegar a durar hasta 15 días. Ocultos entre la envoltura solían colocarse diferentes amuletos y papiros con textos y conjuros mágicos, con el fin de proteger al difunto en el Más Allá. Finalmente se le cubría el rostro con una máscara, (con la que se intentaba representar con la máxima fidelidad posible los rasgos en vida de la persona objeto del tratamiento), y se le introducía en un ataúd o sarcófago de madera, el cual debido al alto precio de este material así como a la riquísima decoración con que en ocasiones se engalanaba, resultaba carísimo.
       Según cuenta el historiador griego Diodoro de Sicilia, el precio del proceso más costoso de los tres era de un talento de plata, de veinte minas el segundo, y "muy barato el tercero", aunque no precisa su coste.
       La práctica de la momificación se llevaba a cabo en la llamada "Casa de la Purificación de la Buena Casa", una institución dependiente de los templos en la cual además de auténticos profesionales trabajaban también personas consideradas la escoria de la sociedad, tanto condenados por la ley como fugitivos de la justicia (que sabían que no serían perseguidos en aquel lugar), un conjunto de individuos que si por un lado resultaban en gran medida imprescindibles, por otro eran despreciados de tal modo que ni las prostitutas de mas baja condición aceptaban tener trato carnal con ellos, razón por la cual en ocasiones llegaron al extremo de practicar la necrofilia, hecho que indujo a que cuando una mujer joven y atractiva o de buena posición fallecía, los parientes esperasen tres o cuatro días antes de entregar sus restos a los embalsamadores para que el incipiente proceso de descomposición alejase de ella la posibilidad de que fuese violada.
  Escena de momificación
Escena de momificación. Preparando el cuerpo del difunto
       Cronológicamente hablando, el proceso de momificación no desapareció cuando tras la derrota en la batalla de Actium de la última soberana, la reina Cleopatra VII, el antiguo Egipto perdió su identidad ancestral, sino que entre sus mismos conquistadores, los romanos, hubo multitud de personajes que optaron por someterse a tan elaborada práctica una vez acababan su trayectoria por la vida, prolongándose por tanto el arte del embalsamamiento hasta el año 392 d.C., fecha en que fue abolido por el emperador Teodosio II. Con posterioridad (y durante siglos), miles de momias fueron usadas para fines muy variados. Así, uno de los mas corrientes fue el de emplearlas como combustible, ya que al estar estos restos empapados en aceites y resinas, ardían con mucha facilidad. Más modernamente, (en el siglo XIX), se usaron desmenuzadas como abonos, aunque en este caso las momias eran más de animales que de personas. Pero la forma más curiosa de empleo se dio en la Edad Media, en la cual era práctica habitual usarlas convenientemente pulverizadas como parte de la composición de ungüentos y medicinas, fabricándose en algunos casos una especie de remedio universal (excelente según los propagandistas de la época) del que aseguraban servía para curar todo tipo de males, y sustentándose incluso la creencia de que tenían poderes afrodisíacos. De hecho estas costumbres estuvieron tan arraigadas y extendidas en esa época, que cuando disminuyó la provisión de momias debido al uso intensivo que se hacía de ellas, hubo quienes decidieron fabricarlas para satisfacer la demanda existente, para lo cual echaron mano de cadáveres de criminales ajusticiados en la cárcel o de personas fallecidas en los hospitales, a los que rellenaban por dentro y por fuera de betún, los ataban con firmeza, y los exponían al calor del sol para que se secasen.
       Normalmente, cuando se habla de momificación se suele asociar este nombre a los procesos efectuados sobre cuerpos humanos. Sin embargo los antiguos egipcios tuvieron así mismo la costumbre de momificar a multitud de animales, tales como babuinos, bueyes, buitres, carneros, cocodrilos, escarabajos, gansos, gatos, hipopótamos, halcones, ibis, leones, lobos, mandriles, oxirrincos, perros, ranas, ratas, toros, y un largo etcétera difícil de enumerar. De hecho, sobre este tema (y como simple ejemplo de hasta que punto estaba extendida la momificación en el reino animal), podemos destacar que tan solo en Tuna el-Gebel se llegaron a descubrir junto a otros animales de distintas especies unos cuatro millones de ibis a quienes se había aplicado el proceso comentado.
       El término momia deriva de la palabra árabe Mummia, con la que se conoce al betún, en analogía a las substancias que se empleaban durante el proceso de embalsamamiento.
BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA
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  • DUNAND, FRANÇOISE / LICHTENBERG, ROGER. “La tradition égyptienne. La momification et ses techniques”. La mort n’est pas une fin. Pratiques funéraires en Égypte d’Alexandre à Cléopâtre. Éditions du musée de l’Arles antique. Arles. 2002.
  • DUNAND, FRANÇOISE / LICHTENBERG, ROGER. Las momias, un viaje a la eternidad. Ediciones B. Barcelona. 1999.
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  • PACE, MILDRED MASTIN. Wrapped for Eternity. The story of the Egyptian mummy. Peter Bedrick Books. New York. 1998.
Manuel Crenes

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Este trabajo fue publicado originalmente en la web "Egiptología Científica y Divulgativa".