La Medicina
|
||||||
Curiosamente la formación en esta materia se hacía al revés que en la actualidad, pues inicialmente los estudiantes se convertían tan solo en especialistas de una parte del cuerpo, lo que traía como consecuencia que hubiera una infinidad de médicos dispuestos a luchar contra otra no menor infinidad de enfermedades, tal como señala Herodoto en sus Historias: “Hierve en médicos Egipto: médicos hay para los ojos, médicos para la cabeza, para las muelas, para el vientre; médicos en fin para los achaques ocultos”. Más tarde sin embargo, si alguno lograba ampliar sus conocimientos hasta alcanzar una visión de conjunto, se le autorizaba para desarrollar el ejercicio de la medicina general, convirtiéndose en una especie de “médico de cabecera” a quien se conocía como Sunu. Cuando una persona perdía la salud, una vez era examinado por el médico recibía por parte de este (y a tenor de su estado) tres posibles diagnósticos, según que el mal que le aquejaba fuese fácilmente curable, de pronóstico incierto, o un caso desesperado: “una enfermedad que conozco y trataré”, “una enfermedad que conozco e intentaré tratar”, o “una enfermedad que desconozco y que no podré tratar”, momento en el cual se le daban las directrices de los pasos que debía seguir o los remedios que precisaba tomar. En la composición de los remedios entraban los elementos mas dispares, (de los que destacaban por su profundo conocimiento todos los relacionados con la herboristería y la botánica), aunque desde luego empleaban sustancias procedentes de los tres reinos de la naturaleza: minerales (alabastro, arsénico, cobre, conchas marinas, natrón, sílex...), vegetales (acacia, ajo, cebolla, cereales, enebro, persea, sicomoro...), y animales (bilis, grasas, leche, hígado...). A todo ello se unían componentes de origen mas heterogéneo: desde la leche materna, (que era apreciada de manera muy especial), o la dulce y nutritiva miel, (cuyas propiedades antisépticas y cicatrizantes han sido redescubiertas recientemente, y que era empleada con profusión en cirugía), hasta muchos otros que a primera vista solo podemos ver como absolutamente repugnantes: orina o excrementos de ciertos animales (como murciélagos, hipopótamos, cocodrilos o pelícanos), muchos de los cuales contienen sin embargo compuestos químicos impredecibles de señalar antes de ser sometidos a un moderno análisis, y que aun cuando no fueran sintetizados tal como se hace hoy en avanzados y asépticos laboratorios, no por ello dejaban de tener su eficacia. Respecto a las formas de usar lo anterior, podían ser de lo más variadas: pociones, ungüentos, fumigaciones o cataplasmas, a las que se unían en algunos casos desde baños de barro hasta elaborados regímenes alimenticios. Naturalmente dentro del amplio espectro de la medicina existían áreas en las que por uno u otro motivo destacaban. Una de ellas era la cirugía dental, en la que demostraron gran habilidad al confeccionar desde elaboradas prótesis hasta prácticos empastes que realizaban con un tipo especial de "cemento". Y otra la relacionada con el terreno sexual, en la que los remedios para la prevención o cura de enfermedades venéreas, evitar el embarazo, o diagnosticar la fertilidad o infertilidad de una mujer, eran múltiples y originales. De hecho hasta tenían sus propios y peculiares sistemas para conocer por anticipado el sexo de los niños que iban a nacer.
Otro detalle interesante con respecto al cuidado de la salud era que esta se hacía extensiva por parte de algunos médicos al mundo animal, lo que convertía a la actual veterinaria en una especialidad más. Al contrario que en otras disciplinas, sobre el tema de la medicina por fortuna han llegado hasta nuestros días un buen número de documentos en los que se exponen una gran variedad de remedios y prácticas, y entre los que se puede citar como más famoso al Papiro Ebers, así como el Kahun, el de Berlín, el Chester Beatty, y el Edwin Smith. Como todo trabajo o profesión la medicina estaba bajo los auspicios de una deidad: en este caso la diosa leona Sejmet, que si bien era quien se suponía que hacía enfermar y enviaba las epidemias, también otorgaba los remedios para la cura. De ahí (y por extensión) resultaba natural que cuando todo remedio físico fallaba o era insuficiente para lograr devolver la salud a una persona, el médico recurriese a una segunda función: la magia, por cuanto para los antiguos egipcios cuerpo y espíritu eran indisociables, teniéndose por hecho que en el mundo de lo material no solo se perdía el equilibrio por causas naturales, sino también por la actuación de determinados "entes del mundo invisible". Era entonces cuando se recurría a intentar interactuar con esas fuerzas sutiles a través de fórmulas y conjuros. Desgraciadamente va a ser difícil llegar a conocer pormenorizadamente el resultado de este tipo de actuaciones, por cuanto una sociedad como la nuestra, pragmática y materialista, no es precisamente la mas apropiada para juzgarlas o investigarlas en su contexto adecuado... |
||||||
| BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA | ||||||
|
||||||
Manuel Crenes |
||||||
Este trabajo fue publicado originalmente en la web "Egiptología Científica y Divulgativa". |