Los Ladrones de Tumbas
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Los documentos antiguos que nos hablan sobre este tipo de acciones son variados. Así, en las "Admoniciones de Ipuwer", un texto que suele datarse como del Primer Período Intermedio, se lee. "Mira, el saqueador... por todas partes". Y algo mas adelante: "Lo que ocultaba la pirámide ha quedado vacío"... Mucho mas expresivo es lo narrado en varios papiros, como los llamados Abbot, Amherst o Leopoldo II, que dan constancia de la investigación, captura, interrogatorio y juicio de una auténtica banda organizada de saqueadores de tumbas, banda integrada entre otros por componentes de templos situados en la orilla oeste del Nilo, los cuales estando en connivencia con altos funcionarios dispuestos a recurrir a toda clase de acciones, (desde una descarada negligencia en sus funciones hasta el mas directo chantaje), no dudaron en profanar diversos enterramientos tanto de la XVII dinastía como del Valle de las Reinas, siendo sorprendidos en el año 9 del reinado de Ramsés IX debido a un altercado producido entre los autores del desaguisado al no ponerse de acuerdo en el reparto del botín. Tras ser juzgados en el Templo de Maat, los diecisiete acusados del crimen fueron condenados a muerte, condena que en estos casos solía llevarse a cabo a través de una de las formas más horrendas y dolorosas de cuantas se hayan podido inventar: a través del empalamiento en una estaca. Este hecho sin embargo, a pesar de su dureza no sirvió para persuadir a otros que dejasen de lado tan peligroso aunque lucrativo "negocio", como lo demuestra el que poco tiempo después, hacia el año 18 del último faraón del Reino Nuevo, Ramsés XI, un nuevo grupo de saqueadores no dudasen en violar diversas tumbas, en este caso del Valle de los Reyes. De hecho en el Museo de Turín se conserva otro papiro en el que se detalla un nuevo proceso contra un ladrón, el cual había profanado y robado la tumba colectiva donde fueron enterrados algunos de los numerosos hijos de Ramsés II. Lo que no cabe duda, es que la efectividad de este género de delincuentes fue siempre proverbial, pues incluso la del famosísimo faraón Tutanjamón, descubierta en 1.922 con la mayor cantidad de riquezas halladas jamás a lo largo de toda la historia de la arqueología, mostraba rastros de haber sido abierta en un par de ocasiones poco después de que fuera sellada, aunque en este caso y por fortuna parece ser que los primigenios intrusos fueron descubiertos nada mas comenzar su tarea, con lo que pudo volver a cerrarse por los encargados al efecto, y quedar así a la espera durante unos 3.000 años, hasta su descubrimiento por el arqueólogo inglés Howard Carter.
De todos modos, volviendo a la inteligente y piadosa acción del traslado de restos reales a un escondite mas seguro por parte de los sacerdotes de Amón, hay quien postula una teoría alternativa desde luego no tan ejemplar: la de que puesto que en aquella época (el Tercer Período Intermedio) el poder de los reyes estaba realmente limitado, la casta sacerdotal, necesitada para el sostenimiento tanto propio como de los templos a su cargo de unas riquezas cada vez más difíciles de conseguir, no dudaron en abrir las tumbas de sus gobernantes de antaño, para al tiempo que salvaban sus restos momificados, hacerse con las riquezas depositadas junto a ellos. En cualquier caso, si bien la actuación de los ladrones de tumbas no es justificable desde ningún punto de vista, sí es perfectamente comprensible su existencia, máxime cuando eran los mismos reyes los que en ocasiones hacían un cuando menos imprudente alarde de la infinidad de bienes que reservaban para su vida en el Más Allá, como por ejemplo Thutmosis I, quien se jacta en un documento de la suntuosidad y magnificencia de su templo funerario, diciendo: "He formado sus tesoros con todos los bienes de Egipto: plata, oro y piedras preciosas en cantidades innumerables...", palabras que no son sino una clara incitación a despertar la ambición de quienes no conformándose con las condiciones de vida en la que habían nacido, no dudaban en echar mano de cualquier medio, lícito o ilícito, para cambiarla, y sin hacer caso a los consejos de los sabios cuando consideraban tales profanaciones "un crimen que los dioses no perdonarán jamás a aquellos que lo cometan"... |
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| BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA | ||||||
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Manuel Crenes |
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Este trabajo fue publicado originalmente en la web "Egiptología Científica y Divulgativa". |