La Fauna

Grupo de pastores conduciendo el ganado  
Grupo de pastores conduciendo el ganado.
Tumba de Nebamón. XVIII Dinastía
       La relación entre los antiguos egipcios y el mundo de los animales fue a lo largo de toda su historia tan estrecha e intensa, que no solo los propios faraones gustaron muchas veces el ser asimilados a las características de algunos de ellos, (como el toro, a quien se consideraba la personificación de la fertilidad y el poder; el león, símbolo de fortaleza y majestuosidad; el leopardo, del que podían asumir en determinados momentos la ferocidad; o el halcón, por su asimilación al dios Horus y de quien por tanto se consideraban encarnación viva), sino que en el amplio y variado mundo de las deidades se puede ver un gran número de representaciones en las cuales se ha tomado de ejemplares del mundo animal el rostro, cuando no el cuerpo entero, unas representaciones a todas luces tan originales como imaginativas, y entre las que no podemos olvidar añadir a ciertas especies inexistentes y fantásticas, de las que serían los ejemplares mas famosos las dos panteras con cuellos extraordinariamente largos que aparecen en la muy conocida "Paleta de Narmer", panteras que por la peculiar morfología con que han sido plasmadas recuerdan con notable verosimilitud a determinados representantes de los extintos dinosaurios. Y otro ejemplo de estos últimos sería también la llamada ave Fénix, la cual afirmaba Herodoto haber podido contemplar en algunas pinturas, y que con una forma parecida a la del águila (aunque con las plumas de colores rojo y dorado), presumiblemente visitaría Egipto cada quinientos años transportando desde Arabia nada menos que el cuerpo de su propio padre envuelto en mirra.
       Entre los animales habituales y domésticos que se daban cita en el país del Nilo, los había para todos los usos o funciones. Así, estaban los destinados a la alimentación, (cabras, corderos o cerdos), los dedicados al transporte, (burros, asnos o bueyes), los empleados en juegos, (monos, perros o gatos), o los usados para la guerra por los estamentos militares, (caballos), unos pequeños pero significativos conjuntos entre los que se podrían citar multitud de especies más, desde los familiares toros o camellos, (aunque estos últimos solo en el Delta), hasta aquellas atípicas variedades que al contrario que hoy en día se criaban en cautividad, como antílopes, gacelas, ciervos, cabras montesas, oryx, búfalos, íbices, garzas reales, grullas, e incluso hienas.
       Por supuesto, muchos de los nombrados tenían más de una utilidad, como los bueyes o las vacas, que podían emplearse para arar el campo, abonarlo con su estiércol, o proporcionar leche, pero que también podían ser vistos tan solo como una fuente de carne destinada al alimento, en cuyo caso no los hacían trabajar, sino que los cebaban al máximo con bolas de pan, sacrificándolos cuando debido a su volumen casi no podían tenerse en pie, momento en el que aportaban un tipo de carne tan tierna como grasa. Otro tanto ocurriría con los corderos, los cuales amen de formar parte de abundantes y deliciosas dietas, proporcionaban lana, una materia prima con la que se confeccionaban ropas de abrigo aquellos que no pertenecían a la clase sacerdotal, la cual la rechazaba por motivos religiosos. O los perros, que si eran empleados como excelentes compañeros de juegos, también resultaban inmejorables ayudantes en el ejercicio de la caza.
  Encargados de una granja rindiendo cuentas
Encargados de una granja rindiendo cuentas.
Tumba de Mereruka. VI Dinastía
       Respecto a las aves, si bien algunas (como las codornices, los chorlitos o los pichones) eran atrapadas merced a redes, trampas, armas como las lanzas o el arco y las flechas, o con un tipo especial de bastones arrojadizos parecidos a los bumerán, otras por el contrario se desenvolvían en el entorno de las viviendas de forma doméstica, como los patos, ocas, gansos, palomas o tórtolas, unos ejemplares a los que habría que unir los gallos, (introducidos según algunos estudiosos en Época Persa, y según otros en la Ptolemáica).
       Igualmente importante era la pesca, la cual se llevaba a efecto por medio de arpones, redes de arrastre, o con cañas de pescar, y de la que se extraían entre otros barbos, anguilas, oxirrincos, peces gato, percas del Nilo, mújoles, siluros, o buitrones.
       En cuanto a las especies temidas por su naturaleza peligrosa y salvaje, si bien los más nefastos por su proximidad y carácter eran los hipopótamos y cocodrilos, tampoco se puede olvidar a depredadores como leones, panteras, leopardos y chacales, o a las silenciosas e imprevisibles serpientes, (como boas, pitones, vívoras o cobras).
       Lobos, linces, guepardos, mangostas, mandriles, venados, liebres, ratones, murciélagos, camaleones, culebras, erizos, avestruces, buitres, halcones, milanos, lechuzas, ánades, golondrinas, gorriones, alimoches, avefrías, musarañas, lagartijas, ranas o tortugas, complementan sucintamente el amplio espectro de la fauna presente en el antiguo Egipto, un espectro entre el que no se puede olvidar a los muy numerosos y heterogéneos insectos, (como moscas, mosquitos, chinches, hormigas, termitas, langostas, saltamontes, mantis religiosa, escarabajos, libélulas o mariposas), y a los que habría que unir asimismo a escorpiones o cienpiés, unos elementos en conjunto tan insignificantes en tamaño como desagradables y perjudiciales cuando se entrometían en la vida cotidiana, y de los que hay que nombrar como excepción a las muy apreciadas y laboriosas abejas, (a las que denominaban Bit, y que según un mito narrado en el Papiro Bulaq III habrían nacido nada menos que de las lágrimas del dios Ra), las cuales proporcionaban la deliciosa y nutritiva miel a la que tantos usos supieron darle.
       Sobre los animales domésticos, destacar como detalle adicional y curioso que era habitual que muchas especies compartiesen las viviendas de sus propios cuidadores, especialmente cuando estos últimos eran gentes de bajo status social, ya que al carecer de mejores recursos, se veían en la necesidad de proteger y resguardar de esta forma a quienes tantos bienes les proporcionaban, una costumbre que sin embargo resultaba a veces altamente perjudicial, pues no era raro que en virtud de ello los representantes del mundo faunístico transmitiesen algunas de sus enfermedades particulares a sus protectores, (como la tuberculosis bovina), cuando no se producían desgraciados e imprevisibles accidentes en virtud de tan forzada convivencia.
       Respecto a las especies mas salvajes, raras o independientes, si bien lo habitual era que se respetara su entorno natural dejándolas que se desenvolviesen en libertad, hubo momentos puntuales en los que sin embargo se buscó la forma de acercarlas al entorno humano, como en los casos de Tutanjamón, Ramsés II, Ramsés III y Ramsés IV, quienes tuvieron alojados en su residencias personales como animal de compañía nada menos que a un león domesticado; el de la reina Hatshepsut, quien mandó construir un pequeño zoológico en el que se podían ver entre otros representantes a leopardos, jirafas, mandriles, así como un buen número de pájaros exóticos traídos desde el País de Punt; o el de Ajenatón, quien de igual modo gozó del privilegio de disponer de una pequeña colección de animales salvajes dentro de un cercado.
BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA
  • BIANCHI, ALBERTO. "Los animales en el mito y en la religión del Antiguo Egipto". BAEDE, Nº 3. Asociación Española de Egiptología. Madrid. 1991.
  • BREWER, DOUGLAS J. / FRIEDMAN, RENEE F. Fish and Fishing in Ancient Egypt. The American University in Cairo Press. El Cairo. 1990.
  • BREWER, DOUGLAS J. / REDFORD, DONALD B. / REDFORD, SUSAN. Domestic Plants and Animals. The Egyptian Origins. Aris and Phillips. Warminster. 1994.
  • GAILLARD, CLAUDE. Faune égyptienne antique. Recherches sur les poissons représentés dans quelques tombeux égyptiens de l’Ancien Empire. Institut Français d’Archéologie Orientale. Le Caire. 1923.
  • HOULIHAN, PATRICK. The Animal World of the Pharaohs. Thames & Hudson. London. 1996.
  • HOULIHAN, PATRICK. The Birds of Ancient Egypt. Aris and Phillips. Warminster. 1987.
  • JANSSEN, ROSALIND / JANSSEN, JAC J. Egyptian Household Animals. Shire Publications Ltd. Risborough. 1989.
  • OSBORN, DALE J. / OSBORNOVÁ, JANA. The Mammals of Ancient Egypt. Aris and Phillips. Warminster. 1998.
  • RUBIO Y TUDIRÍ, NICOLÁS MARIA. El Templo Egipcio y la Divinidad Animal. Colegio Oficial de Arquitectos de Cataluña y Baleares. Barcelona. 1965.
Manuel Crenes

Volver al Menú Anterior

Volver a la Página de Inicio