Los Escarabeos

Escarabeo de Amenhotep III  
Escarabeo de Amenhotep III.
Liverpool Museum
       Aunque los restos que han llegado hasta nuestros días procedentes de la antigua civilización egipcia son tan múltiples como variados, de casi ninguno de ellos se ha encontrado una cantidad y multiplicidad tan extensa como de los escarabeos, unas piezas de reducidas dimensiones, (su tamaño podía variar entre apenas un centímetro hasta algo mas de veinte), fabricada en los más diversos materiales, (especialmente loza o piedra), y que reproduce la figura de un escarabajo pelotero, (el "Scarabaeus Sacer Aegyptiorum"), un insecto considerado sagrado por cuanto era la representación del dios Jepri, (deidad que simbolizaba el sol al amanecer), motivo por el cual no solo fueron momificados numerosos ejemplares de dicho insecto, sino que también los poderes mágicos que se les atribuyeron hicieron que determinadas partes de sus cuerpos formaran parte de ungüentos medicinales, (los cuales se usaban para funciones que podían tanto combatir la rigidez de las articulaciones como facilitar los partos), así como de ritos que presumiblemente servían por ejemplo para enamorar a una dama o contrarrestar una supuesta maldición.
       Curiosamente el uso de escarabeos no comenzó a hacerse sin embargo habitual hasta una época relativamente avanzada, el Reino Medio, ya que todo parece indicar que los escasos ejemplares que aparecen decorados con nombres de faraones del Reino Antiguo sobre su superficie habrían sido elaborados en realidad bastantes siglos después.
       Las funciones del escarabeo fueron muy diversas, aunque en su mayor parte eran portados como amuletos, en cuyo caso se grababan (bien en su anverso que tenía forma abovedada, bien en su reverso con la superficie plana) figuras de dioses o animales, escenas mágicas, elementos decorativos, así como frases o textos significativos, (desde elaborados conjuros hasta sencillos mensajes de buena suerte).
       Otra clase de escarabeos eran aquellos en los que figuraba el nombre de su propietario, el cual podía usarlos como un sello individualizado, sello que a veces les servía para estampar una marca personal en lugares específicos y puntuales en que por diferentes motivos dicha práctica resultaba necesaria, (por ejemplo en los tapones de terracota con los que se cerraban las ánforas de vino, evitando con ello y en la medida de lo posible que gentes no autorizadas se tomaran la libertad de abrirlas impunemente).
  Escarabeo de Amenhotep III
Escarabeo de Amenhotep III.
National Museum of Ireland
       Un tercer grupo (quizás de los mas notables y vistosos) son los que servían a un faraón para difundir o conmemorar un hecho histórico. De un tamaño apreciable y con un buen número de líneas de texto jeroglífico en su superficie, suponía un soporte ideal para dejar constancia de eventos dispares, tales como una coronación, un matrimonio real, una cacería, una fiesta memorable, la genealogía de un determinado personaje, o la erección de una construcción importante. Esta clase de escarabeos (que se podrían considerar por tanto como un antepasado ancestral de la moderna publicidad, ya que tendrían una funcionalidad cercana a la de nuestras actuales medallas conmemorativas), eran realizados con el objetivo de ser distribuidos entre personajes destacados del funcionariado, o monarcas de países con los que se tuviera algún tipo de relación, quienes de ese modo "se ponían al corriente de las últimas noticias de la corte".
       Finalmente existía también un tipo especial de escarabeo al que se le daba un uso funerario, siendo conocidos como "Escarabeos del Corazón", ya que servían en ocasiones para proteger dicho órgano en una momia, y en otras nada menos que para sustituir durante el proceso de momificación la propia víscera física del difunto, razón por la cual se grababa sobre su superficie el capítulo XXX del "Libro de los Muertos" u otros tipos de sortilegios tendentes a garantizar a su virtual propietario que el órgano en cuestión no le iba a traicionar en el juicio que debía superar antes de poder acceder al reino de Osiris. Por tal motivo (y entre otras recomendaciones) era habitual escribir sobre ellos la fórmula: "¡Oh corazón mío que me dio mi madre, oh víscera de mi corazón de mis diferentes edades, no prestes falsos testimonios contra mí en el día del juicio, no os opongáis a mí ante el tribunal, no demostréis hostilidad contra mí en presencia del guardián de la balanza!"... De alrededor de diez centímetros de tamaño en estos casos particulares, solían ser de lapislázuli, cornalina, o jaspe verde, piedras semipreciosas que dada la importancia que revestían en cuanto a su uso a veces eran asimismo ricamente engarzados en oro o plata.
       De entre los escarabeos personales más abundantes podemos citar aquellos en los que figuran los nombres de Thutmosis III y Amenhotep III, abundancia que no proviene necesariamente del hecho de que se confeccionaran en mayores cantidades en las épocas a las que hacen alusión, sino a que en muchos casos se fabricaron hasta cientos de años después como una forma de recordar y rendir homenaje a sus presumibles propietarios.
BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA
  • ANDREWS, CAROL. Amulets of Ancient Egypt. British Museum Press. London. 1994.
  • CASTEL RONDA, ELISA. Egipto: Signos y Símbolos de lo Sagrado. Alderabán Ediciones S. L. Madrid. 1999.
  • BEN-TOR, DAPHNA. The Scarab. A Reflection of Ancient Egypt. Israel Museum. Jerusalem. 1989.
  • BOARDMAN, JOHN / ASTRUC, MIRIAM / FERNANDEZ, JORGE H. Escarabeos de piedra procedentes de Ibiza. Museo Arqueológico Nacional - Ministerio de Cultura. Madrid. 1984.
  • BOTHMER, BERNARD V. "Scarabaeus Venerabilis". BMFA, Vol. 48, Nº 274. Museum of Fine Arts. Boston. 1950.
  • NEWBERRY, PERCY E. Ancient Egyptian Scarabs. An introduction to Egyptian seals and signet-rings. Ares Publishers Inc. Chicago. 1979.
  • PETRIE, W. M. FLINDERS. Amulets. The Petrie Egyptian collection and excavationsed. Aris & Phillips Ltd. England. 1972.
  • ROWE, ALAN. A Catalogue of Egyptian Scarabs. Scaraboids, Seals, and Amulets in the Palestine Archaeological Museum. Ares Publishers, Inc. Chicago, Illinois. 1936.
Manuel Crenes

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