El Ejército y la Guerra

  Tropa de soldados egipcios (maqueta)
Tropa de soldados egipcios hallada en la Tumba
del Príncipe Meseheti en Assiut. XI Dinastía. Madera pintada
       A diferencia de los numerosos grupos humanos de la antigüedad para quienes las duras condiciones de la existencia cotidiana convertían el oficio de la guerra en una forma fácil y productiva de hacerse con ricos botines, tanto en bienes materiales como en esclavos, los egipcios, al vivir en una tierra fructífera regada por un río regular y generoso, raramente desarrollaron el espíritu expansionista característico de tantas culturas y civilizaciones contemporáneas suyas, por lo que los conflictos bélicos, cuando se declaraban, eran en su mayor parte o bien de tipo defensivo, o bien como consecuencia de la inestabilidad política y social en que se vieron sumidos en ciertas épocas.
       Sobre estas últimas, cuatro son los momentos claves a destacar: el primero, la unificación inicial del país merced al mítico Narmer, quien con su empuje militar logró la conquista de los dos reinos, (al Alto y el Bajo Egipto), iniciando así el comienzo de la era faraónica, y dejando de lado para siempre la cultura neolítica; el segundo, con la victoria de los gobernantes de Tebas sobre los de Herakleópolis, y que diera fin al gran desorden social característico del llamado Primer Período Intermedio; el tercero, cuando los reyes nativos afincados asimismo en Tebas reconquistaron el poder central, (en esos momentos en manos de los invasores Hyksos), concluyendo el Segundo Período Intermedio, y dando paso a la época de mayor esplendor de esta civilización; y el cuarto, cuando los gobernantes de Sais, ayudados por mercenarios jonios y carios, pusieron freno a los nuevos y belicistas intrusos, los Asirios, momento en que terminaría el Tercer Período Intermedio.
       Una muestra de la escasísima incidencia de la guerra en la vida cotidiana, la da el hecho de la gran ausencia de noticias que sobre tales eventos existen en los textos anteriores a la dinastía XVIII, momento en el que por el contrario se convierte poco menos que "en moda" el que los faraones den cuenta de “numerosas y gloriosas gestas”, las cuales en muchos casos entra dentro de lo muy probable que tuviesen mas de propagandístico que de real, ya que de alguna manera iban encaminadas a justificar un cierto tipo de política, (pues todo Faraón que se preciara debía dejar por sentado que gracias a su intervención las fronteras se habían ensanchado mucho mas de lo que nunca antes lo hicieran sus predecesores), algo que si por un lado llevó en efecto al país a su máximo momento de expansión territorial, por otro también convirtieron en frecuentes por inevitables los tratados de paz con potencias descollantes, como sucedería por ejemplo con el reino de Hatti o con el Imperio Hitita.
Tropa de arqueros nubios (maqueta)  
Tropa de arqueros nubios hallada en la Tumba
del Príncipe Meseheti en Assiut. XI Dinastía. Madera pintada
       En un ámbito formal, la composición del ejército en el antiguo Egipto se llevaba a cabo en base a las unidades conocidas como divisiones, las cuales estaban integradas principalmente tanto por infantes como por arqueros, unas divisiones que constaban de unos 5.000 hombres, subdivididas a su vez en compañías de 250 efectivos. Coordinadas cada una de estas últimas por un comandante o capitán, e identificadas unívocamente merced a un estandarte con nombre propio, (entre los que se puede citar los de “León Saltarín”, “Amada de Amón”, o “Fuerte en Armas”), las compañías eran finalmente estructuradas de nuevo en cinco secciones de 50 individuos. En cuanto a las divisiones, (cuyos nombres eran tomados de los de algunas deidades a las cuales se encomendaban para su protección), anotar que como es lógico su número no siempre era fijo, sino que dependían del grado de belicosidad de la época. Así, en tiempos de Ramsés II, (y en el período en que tuvo lugar la famosa batalla de Qadesh), el conjunto del ejército llegó a tener cuatro de dichas formaciones: la de Amón, (originaria de Tebas), la de Ra (formada en Heliópolis), la de Ptah, (procedente de Menfis), y la de Set, (nativa de Pi-Ramsés).
       Como complemento a lo anterior, destacar que el ejército egipcio contó a partir del Segundo Período Intermedio con un importante elemento ofensivo heredado de los invasores Hyksos: los carros de guerra tirados por caballos, carros que se agrupaban en escuadrones de unos 50 vehículos, siendo manejados cada uno de ellos por dos personas: un guerrero, (quien era virtual propietario del vehículo, pues por el privilegio de usarlo debía pagarlo de su bolsillo), y un conductor, (que amén de manejarlo con el fin de que su acompañante pudiera libremente disparar flechas o lanzar jabalinas contra el enemigo, también podía hacer las funciones de escudero protegiendo al combatiente). Respecto a la flota naval, comentar que aunque la tuvieron, era en general de cabotaje, ya que los habitantes del país del Nilo raramente se distinguieron como navegantes: la misión de esta se limitaba a proteger la costa, y a la escolta de buques mercantes en los períodos de crisis.
       Ni que decir tiene que el mando último del ejército estaba en manos del faraón, el cual era ayudado en primera instancia por un general en jefe, así como por un cierto número de otros generales, (algunos de ellos con título tan solo honorífico, pues muchos de estos últimos eran hijos del propio rey o personalidades muy próximas al monarca).
       En cuanto a las armas, citar como ofensivas los arcos triangulares o de curvatura simple y doble, (los cuales eran acompañados de sus carcajs correspondientes), las espadas, los puñales y dagas, las jabalinas de pequeño tamaño, las hachas de doble filo, los látigos, y las mazas de piedra con forma periforme; y como defensivas, los escudos de cuero tachonados con clavos, (los cuales tenían formas tanto redondas como rectangulares), los cascos, (también de cuero), así como el uso por parte de los oficiales de ciertos tipos de armaduras que les protegían el torso.
  Cuchillo de sílice con empuñadura de oro
Cuchillo de sílice con empuñadura de oro. Período Predinástico, Nagada II
       Para los antiguos egipcios, la profesión militar raramente tuvo la alta consideración de otros oficios, por lo que el ejercito nunca resultó particularmente numeroso. La vida del soldado no era fácil: a las incansables marchas por el desierto y los duros castigos de los oficiales cuando las cosas no se desarrollaban a su gusto, se unían largos períodos de aislamiento en lejanas fortalezas, cuya misión principal, al margen de la vigilancia de las fronteras, era la de proteger las rutas comerciales, (como las que daban al Mar Rojo o a los oasis, frecuentemente amenazadas por pequeños grupos, tanto de beduinos, como de bandidos y proscritos), y la de mantener la posesión de las fuentes inagotables de riquezas que suponían las minas de oro de Nubia, o de cobre, malaquita y turquesas del Sinaí. Tan solo en ciertos períodos, como la época en la que el prestigioso general Horemheb ascendió al trono de los faraones, pudieron gozar de destacados privilegios. Por este motivo, la dificultad para reclutar tropas entre los naturales del país, (en base a levas obligatorias entre los nomos, a los que se unían la décima parte de los componentes de los templos, dos formas de captación que por forzadas generaban un destacable descontento popular), hizo que en ocasiones hubiera que echar mano de mercenarios extranjeros, especialmente nubios, a los que se unieron en otros momentos libios y asiáticos. De hecho, la importancia de esta clase de soldados era tal, que en determinadas épocas llegaron a constituir hasta dos terceras partes del total de las fuerzas con que se contaban.
       Las distinciones en el oficio de la guerra se otorgaban por parte del faraón, en forma de donaciones de casas, tierras y esclavos, o a través de condecoraciones con forma de collares de oro y armas decoradas, entre las que destacaba por su simbolismo la denominada “Orden de la Mosca Dorada”, o “Mosca del Valor”, al figurar en ella réplicas en el mas preciado de los metales de este insecto.
BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA
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  • SPALINGER, ANTHONY. War in Ancient Egypt: The New Kingdom. Blackwell Publishing. 2004.
Manuel Crenes

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Este trabajo fue publicado originalmente en la web "Egiptología Científica y Divulgativa".