El Calendario
|
||||||
Los egipcios dividían el año (al que llamaban Renpet) en tres estaciones de cuatro meses cada una: Ajet, período en el que el Nilo salía de su cauce produciéndose la inundación; Peret, época de la siembra y en la que la temperatura resultaba más agradable; y Shemu, el momento de la cosecha y en el que los días eran especialmente calurosos. Su inicio se establecía en el preciso instante en que la estrella Sirio, (llamada Sotis), hacía su aparición por el horizonte oriental antes del amanecer, hecho que venía a ocurrir a mediados de nuestro actual mes de Julio. No obstante, al tener todos los meses la misma duración, (30 días), se obtenía como resultado una suma total de 360, por lo que existiendo un pequeño desajuste con respecto a la duración real del año astronómico, al final de cada ciclo se llevaba a cabo una compensación añadiendo 5 días adicionales a la estación de Shemu, (llamados Heru-Renpet por los egipcios, y Epagómenos por los griegos), días en los que según una leyenda, la diosa Nut, representación de la bóveda celeste, concibió a Osiris, Isis, Set y Neftis. Este hecho, sin embargo, no evitaba que se produjera un nuevo aunque ligero desfase adicional, en virtud por lo que hoy conocemos como años bisiestos, lo que hizo (tal como comenta el geógrafo griego Estrabón) que cada cierto número de años hubiese que añadir algún día extra más cuando las fracciones sobrantes de años anteriores así lo exigían. Para concluir con esta cuestión, citar que los meses volvían a dividirse en otros tres nuevos períodos (o "semanas") de diez dias cada uno, al final de los cuales las gentes gozaban de uno o dos días festivos. Los nombres de los meses (en su versión griega) son: Thot, Faopi, Athyr, Shiak, Tybi, Meshir, Famenat, Farmuti, Pajons, Payni, Epifi y Mesore. En cualquier caso, a pesar de este patente y preciso control del tiempo, la contabilidad en cuanto a los años no se llevaba a cabo en la forma en que ha sido entendida por otras civilizaciones, como la romana, quienes partiendo de una fecha concreta, (la hipotética fundación de la ciudad de Roma en el 753 a.C.), iban sumando cada período de doce meses de forma lineal y progresiva; o de nuestra actual cultura occidental, que lo hace de idéntico sistema tomando como inicio el presunto nacimiento de Jesucristo. Los egipcios por el contrario contabilizaban los años en función del ascenso al trono del faraón en ese momento reinante, poniendo a cero dicha contabilidad cada vez que un nuevo regente sustituía al anterior. Así, por poner un ejemplo práctico, un acontecimiento como fue el asesinato de Amenemhat I, se establece que tuvo lugar el 7º día del 3er mes de la estación de Ajet del año 30 de su reinado.
Los días también tenían su división: doce horas en el período de luz, y otras doce en la oscuridad de la noche, gozando cada una de las horas de un nombre propio, como por ejemplo "Ra se reúne con la vida", o "La derrota de los enemigos de Ra", aunque estos nombres solo eran utilizados por sabios y sacerdotes, contabilizándolas el pueblo llano con un simple número. Por otro lado los días podían ser de tres tipos: benéficos, indiferentes, y nefastos, (de los cuales había 190 entre los primeros, 132 de los segundos, y 38 de los últimos), clasificándose muchos de ellos en función de lo que alguna deidad hubiese realizado de positivo o negativo en tal fecha. Esto era tomado muy en cuenta por las personas, para así llevar a cabo o evitar poner en marcha determinadas acciones. Como consecuencia, en días funestos, las gentes podían abstenerse de salir de casa, mantener relaciones sexuales, montar en barca, hacer algún viaje, matar animales, o tomar ciertos alimentos. Para la medición cotidiana del transcurso del tiempo, empleaban un instrumento denominado Clepsidra, y que consistía en un recipiente con forma cónica y una altura de un codo, hueco por dentro y con un pequeño agujero en el fondo, recipiente que se llenaba de agua, la cual iba vaciándose lentamente en un período de doce horas, (gozando por tanto de una mecánica similar a nuestros actuales relojes de arena). Exteriormente, solían grabarse en su superficie figuras de divinidades astronómicas y de los meses, y en el interior, doce franjas para cuantificar el nivel de vaciado. Y otro instrumento era un tipo de reloj de sol llamado Gnomon. Entre los calendarios famosos que han llegado hasta nuestros días, podemos citar el del templo de Hathor en Déndera, (actualmente conservado en el Museo del Louvre), el existente en la sala hipóstila del templo de Esna, o uno que puede contemplarse en la tumba de Senenmut, arquitecto de la reina Hatshepsut. |
||||||
| BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA | ||||||
|
||||||
Manuel Crenes |
||||||