Los Amuletos
|
||||||
Su número y variedad fueron muy extensos a lo largo de la historia de Egipto, desde la más remota antigüedad, (en la que predominaron reproducciones de alguna parte del cuerpo tales como ojos, boca, orejas, manos o pies, intentando con ello salvaguardar la parte reproducida en el caso los seres vivos, o devolver sus funciones a los sentidos cuando se trataba de los difuntos), hasta la Baja Época, momento en el que se hicieron más abundantes que nunca. Semejante variedad es lo que ha permitido que se encontraran verdaderos “catálogos”, (en los que se describen sus formas y usos), inscritos en los lugares mas dispares, desde paredes de templos, (como el de Déndera), hasta sencillos papiros, (como el McGregor, en el que se citan 75 modelos diferentes), pudiendo destacarse entre los más habituales el escarabeo, (reproducción de un escarabajo que simbolizaba las metamorfosis en el Más Allá), el ojo de Horus, (conocido como Udjat, y que representaba la capacidad de ver en la noche, la plenitud física y la fecundidad), o el pilar Dyed, (asociado a Osiris y Sokaris, y que era una reproducción estilizada de la columna vertebral humana, aunque también podría simbolizar el Árbol de la Vida). Así mismo, cabe añadir el nudo de Isis (llamado Tyet), el cetro Uas, el Anj o Cruz de la Vida, las coronas del Alto y Bajo Egipto, el Ib o Corazón, el Uadye o papiro, el Jepesh o pata de buey, el Ures o reposacabezas, el Ajet u horizonte, o las reproducciones en miniatura de una gran cantidad de deidades, genios, y criaturas del mundo mágico, (como la ya citada Isis, en su imagen tradicional de amamantar a su hijo Horus; Bes, dios alegre y bienhechor protector de las parturientas; Bastet, la diosa gata; Anubis, dios guardián de las necrópolis; la rana, símbolo de la diosa Heka; el Úreus, o cobra sagrada; la diosa hipopótamo Taurt; los cuatro Hijos de Horus: Amset, Hapi, Duamutef y Quebsenuf, etc).
Sobre el empleo de tal variedad de materiales, se piensa que las diversas composiciones y cualidades en la naturaleza de su manufactura no era algo casual, sino que más bien cada una de ellas tenía un significado específico en cada situación concreta en que se usaran, (la turquesa por ejemplo, representaba la alegría celeste otorgada por la diosa Hathor); y otro tanto ocurría con el color, por lo que el realizado con un material blanco facilitaría al parecer la secreción de leche materna en las mujeres que hubieran sido madres recientemente, y el confeccionado con elementos rojos podría proteger quizás contra la embriaguez ocasionada por beber vino en exceso. Por desgracia, en la actualidad todavía se desconoce con claridad y precisión el sentido exacto de la mayoría de estos pormenores. Como es lógico, antes de poderse usar cualquier amuleto, lo más posible es que fueran sometidos a una especie de rito de consagración, unas ceremonias en las cuales se podía llevar a cabo el sacrificio de algún animal o efectuar alguna libación, todo ello envuelto en un entorno en el que se habría quemado previamente abundante incienso. Respecto a las formas usuales de portarlos, solían ser heterogéneas, siendo las más habituales colgarlos del cuello, (merced a un hilo que podía ser tanto de lino como metálico), atarlos a las muñecas, o engarzarlos en elementos dispares tales como anillos, collares, pectorales o pulseras, motivo por el cual en su gran mayoría estaban perforados. |
||||||
| BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA | ||||||
|
||||||
Manuel Crenes |
||||||
Este trabajo fue publicado originalmente en la web "Egiptología Científica y Divulgativa". |