Arte tinita: Las bases del arte faraónico

Debemos referirnos necesariamente a las dos primeras dinastías que gobernaron Egipto en época histórica.

Normalmente, los egiptólogos agrupan estas dos dinastías en un mismo periodo, que conocen como época Tinita. El nombre deriva de la capital egipcia durante estos años, entre 2920 y 2649 a. de C. aproximadamente. La ciudad donde residían los faraones era Abidos, conocida entonces como This o Tinis.

Esta etapa es de especial importancia para el desarrollo histórico de la época faraónica en Egipto. En un momento anterior, el llamado por los arqueólogos predinástico, este territorio va adoptando las bases que implicarán la futura personalidad del país en la Historia antigua. Será durante los siglos tinitas cuando esta base se solidifique y Egipto adopte ya los cimientos característicos sobre los que desarrollará su cultura. En estos siglos las bases del sistema político, social y económico del país se instaurarán perviviendo sin apenas variaciones hasta la llegada de los griegos y romanos.

Pero el arte también verá cómo durante estas dos primeras dinastías adquiere las peculiaridades que casi no evolucionarán durante más de dos milenios hasta que la presencia griega empieza a marcar su impronta en el desarrollo estético.

Los primeros vestigios de arte tinita los encontramos, gracias a la arqueología, en las principales ciudades del periodo. Por una parte en la capital, Tinis o Abidos, y por otra en la capital secundaria, llamada Muro Blanco, la futura Menfis. En la primera, se desenterró la tumba de uno de los faraones tinitas, Djer o Zer, que aparece rodeada por gran cantidad de tumbas secundarias pertenecientes a cortesanos. La construcción de Menfis se atribuye al mítico rey Menes. Esta inmensa obra se vio acompañada por una ingente labor de ingeniería, ya que fue necesario levantar un dique que pudiese desviar las aguas del río Nilo.

También se ha conservado de fechas tan tempranas un cementerio secundario en la localidad de Saqqarah. Estas primeras muestras arquitectónicas abren camino a las majestuosas construcciones egipcias, que, a partir de este momento, no innovarán, sino que adaptará las formas creadas a nuevas necesidades y tendencias.

En estos primeros complejos funerarios, los arqueólogos también han hallado los restos de las primeras pinturas egipcias. Las características son exactamente las mismas que las de las pinturas murales de periodos posteriores.

La escultura egipcia casi siempre hay que ponerla en relación con el mundo funerario. En la compleja visión de la teología egipcia, la imagen del fallecido era de suma importancia para asegurar una buena vida en el más allá. El espíritu debe tener un punto de referencia que evite que vague por el mundo de los vivos. Ese punto es la propia momia del fallecido o su representación escultórica. Es en estos siglos tinitas cuando vemos aparecer esta estatuaria con un fin religioso.

Las estelas funerarias son, también, propias del arte egipcio, y ya en los primeros ejemplos conservados se pueden observar las características que van a definir a la escultura egipcia. Durante la época tinita las creencias religiosas ya estaban perfectamente establecidas, por lo que la escultura, como hemos comentado, jugaba un papel fundamental en la vida en el más allá. Las estatuas, en diversas materias, intentan representar al fallecido con toda la exactitud posible.

En el caso de los relieves, las imágenes suelen tener poca profundidad. En ambos casos, aparecen sentados sobre un banco. El retrato viene definido por la inclusión de algunos ligeros rasgos para delimitar las facciones. En este caso se presentan hieráticos, sin ningún gesto o movimiento que muestre ningún tipo de sentimiento. Sólo, si aparecen representados sirvientes, éstos realizan alguna actividad.

Una de las manifestaciones artísticas más importantes de este periodo se pone en relación con las llamadas artes menores. Nos estamos refiriendo a las representaciones realizadas sobre las paletas de maquillaje. Su importancia radica no sólo en su calidad estética, sino que se constituyen como verdaderos documentos útiles para proporcionar conocimiento histórico. Son escasos los ejemplos conservados, dos de ellos en el Museo de El Cairo, mientras que el Louvre y el Museo de Oxford custodian una pieza respectivamente.

En su aspecto más técnico, estas paletas eran objetos de uso cotidiano, realizadas sobre plaquetas de pizarra, previamente labradas y pulidas. En su superficie, el artista representa una escena, la mayoría de ellas con un evidente carácter propagandístico. Es frecuente poder observar la representación del faraón Narmer, quien unificó el Valle y el Delta. En la llamada “Paleta de Narmer” aparecen ya clara las bases del arte egipcio. La frontalidad de las figuras, la representación de una escena, y la personificación del poder, de tal forma que el faraón aparece en unas proporciones mayores a las de los personajes secundarios o los vencidos.

En definitiva, durante este periodo tinita, se sientan las bases que fundamentan el estado faraónico egipcio. La sociedad, la política, la economía o la religión, apenas se verán sobresaltadas por el paso de los siglos. Algo similar ocurre con el arte. Durante estas dos dinastías se asientan los principios sobre los que se basará el arte egipcio. Sólo los contactos con los griegos a partir de los siglos VII y VI a. de C. alterarán ligeramente los cánones estéticos egipcios.

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