Amenofis I: La consolidación del imperio nuevo

En la mitad del II milenio a. de C. Egipto vive tiempos de crisis. Un pueblo conocido bajo el apelativo de hicsos se ha hecho con el poder. Han nombrado sus propios faraones y han regido los destinos del país durante siglos.

Es el denominado por los egiptólogos Segundo Periodo Intermedio. Como había ocurrido anteriormente, los nativos egipcios, tomando como punto de referencia Tebas, iniciarían en torno al siglo XII a. de C. un amplio movimiento destinado a la reinstauración del poder egipcio. De nuevo, la necesidad de disponer de un potente ejército y las penalidades sufridas, van a provocar que el nuevo Estado emergente sea aún más potente, y que con el paso del tiempo se llegue a convertir en clave fundamental en las relaciones internacionales centradas en el Próximo Oriente durante la Historia antigua. Había nacido el llamado Imperio Nuevo, una de las épocas más florecientes del antiguo Egipto.

Este movimiento de emancipación contra los poderosos hicsos fue encabezado desde Tebas por Ahmosis I (1552 – 1527 a. de C.), que llegó a ocupar el trono como faraón del nuevo Egipto reunificado. Con él, daba comienzo el periodo denominado Imperio o Reino Nuevo, instaurando la que Manetón conocería como Dinastía XVIII, que extendió cronológicamente su poder hasta el año 1304 a. de C.

Amenofis I era descendiente de Ahmosis I y de su esposa Ahmosis Nefertari. Todavía en vida de su padre, fue asociado por éste al trono. El objetivo era evidente. Estaba naciendo un nuevo régimen político, y había que evitar a toda costa las posibles usurpaciones que la debilidad de un poder no asentado podría provocar. Algunos egiptólogos asumen que la asunción al trono de Amenofis I fue a muy corta edad, por lo que habría que suponer que existió un periodo donde la madre ejerció una cierta regencia. Aunque las fechas son aproximativas, se puede afirmar que el reinado de Amenofis I se extendió desde 1527 hasta 1506 a. de C.

Amenofis I. Faraón de la Dinastía XVIII de Egipto.

Amenofis I. Faraón de la Dinastía XVIII de Egipto.

Dos fueron las principales preocupaciones de los monarcas egipcios de la Dinastía XVIII y, por lo tanto, de Amenofis: La primera, consolidar la legitimidad de la nueva dinastía; la segunda, crear en el exterior un glacis defensivo que otorgase a Egipto una seguridad frente a Estados o pueblos potencialmente peligrosos y siempre deseosos de las fértiles tierras ribereñas del Nilo. De esta manera, Amenofis I, en cierta medida, no hizo más que continuar con la política desarrollada por su padre, aunque manteniendo una actitud menos belicosa, con mayor orientación a la consecución de objetivos mediante la vía diplomática, y un mayor interés por los aspectos religiosos de su reinado.

En la política interior, junto a una concienzuda reforma de la administración del país, destacó un gran objetivo: Conseguir restablecer de nuevo la dignidad del título del faraón. En este aspecto, el papel jugado por el elemento religioso resultó de una importancia capital.

La nueva dinastía era originaria de Tebas, donde se ofrecía un culto de especial importancia al dios Amón. Esta deidad, precisamente, iba a proporcionar el modelo divino que el nuevo régimen precisaba. El faraón, en esta nueva concepción teológica, iba a ser considerado como la encarnación de lo divino en la tierra. Sin embargo, Amón es erigido como dios supremo de todo Egipto. Por lo tanto, el faraón ya no es el representante de divinidades de un simple carácter local, sino que es el representante del dios supremo nacional, entronizado de esta manera en la figura de Amón. Fue tal la importancia concedida a este culto, que Amenofis I comenzó la construcción de las obras de los templos en su honor situados en Karnak. Incluso, a su muerte, fue divinizado junto con numerosos miembros de su familia.

Amenhotep I

En la política exterior, tres fueron los principales focos de atención de Amenofis I. El más importante de todos ellos fue, sin duda alguna, Nubia, en el sur. Sin embargo, tampoco descuidó otros frentes amenazantes en el este y oeste del país.

El interés por Nubia residía en cuestiones meramente comerciales. Desde África, a través de Abisinia, Egipto se abastecía de gran cantidad de productos fundamentales para su economía, al tratarse casi todos ellos de productos de lujo. Durante su reinado, fueron varias las campañas ordenadas contra estas tierras situadas al sur de Egipto. Llegó un momento en que se consiguió una cierta dominación territorial sobre las mismas, e incluso, fue impuesto un virrey por el faraón para que administrase y asegurase el control de Nubia. Las rutas de comercio meridionales quedaban nuevamente restablecidas.

En el frente oriental, a través de la península del Sinaí, la acción más destacada consistió en la toma de la fortaleza de Saruhen, enclavada en el desierto del Negev. Fue una campaña costosa, ya que el asedio de la plaza fuerte se prolongó durante tres largos años. Esta sería base fundamental para las posteriores campañas contra Siria y Palestina, encabezadas principalmente por su sucesor Tutmosis I y que asentaría el Imperio. En el oeste, realizó alguna campaña contra los libios, evitando esa posible amenaza desde el desierto.

Su muerte y sucesión suponen un problema para la historiografía. Algunos egiptólogos aseguran que sólo tenía una hija. En ese caso, la corona debía recaer en el marido de ésta. Para evitar cualquier contratiempo, Amenofis I concertó un matrimonio entre su hija Ahmes y un hijo suyo con una concubina, conocido posteriormente con el nombre de Tutmosis I, su sucesor. Sin embargo, la mayoría de fuentes y egiptólogos no pueden afirmar con toda seguridad este dato. Suelen coincidir en que efectivamente se produce la sucesión en la persona de Tutmosis I, un posible oficial de su ejército, pero del que se desconoce su relación familiar.

Momia de Amenhotep I

Momia de Amenhotep I

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